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¿Junior, Senior o “experto”? El teatrillo de los títulos

Pocas cosas generan más debate en una comunidad técnica que intentar definir qué significa ser junior, senior o experto. Bueno, quizás si un MERGE en producción está justificado… pero eso es otro tema del que ya hablaremos. Hoy vamos a hablar de galones o etiquetas, como queráis llamarlo, de cómo se reparten sin criterio y de por qué seguimos viendo ofertas para “junior con 3 años de experiencia” como si eso tuviera sentido alguno. Y es que para mí no lo tiene.

Junior no es sinónimo de becario

Vamos al grano. Un perfil junior no es alguien que no sepa nada. Es alguien que está empezando, sí, pero con una base ya formada, aunque sea mínima. No es un becario que necesita que le expliquen qué es un JOIN, pero tampoco es alguien que se siente cómodo optimizando una consulta compleja en un entorno con 3.000 conexiones simultáneas.

El problema es que muchas empresas confunden junior con “alguien barato que haga lo que un senior, pero por la mitad del sueldo”. Ahí vienen esas ofertas delirantes que piden de 1 a 3 años de experiencia, conocimiento de media docena de tecnologías, disponibilidad 24/7 y espíritu “proactivo”. Y todo eso, claro, a cambio de un salario que apenas supera al de prácticas. La trampa es evidente: quieren que hagas de todo, cobres poco y no te quejes. Si encima sonríes, mejor.

Pongamos un ejemplo concreto en nuestro terreno. El junior DBA es el encargado de realizar tareas totalmente procedimentadas sin salirse del guión. No se le puede exigir más. Es el que aún lanza un BACKUP DATABASE desde Management Studio, feliz de ver el mensaje de éxito, sin pensar en restaurarlo después para comprobar que realmente sirve. Y cuando falla, su primera reacción es: “pero si la copia terminó sin errores”. Es normal, es parte del camino, pero ahí está la diferencia.

Y ojo, no es que tener 2 o 3 años de experiencia te haga automáticamente senior. Ni mucho menos. Pero llamar junior a alguien que lleva 3 años comiéndose marrones de producción es no entender nada.

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Senior no es el junior que lleva más tiempo

La etiqueta de senior se ha convertido en una medalla que muchos se cuelgan demasiado pronto. Como si el calendario fuera el único juez válido. Y no. Ser senior implica haber visto cosas. Muchas cosas. Implica haber roto entornos, haberlos arreglado, haber tomado decisiones técnicas difíciles y haber lidiado con sus consecuencias. Ser capaz de evaluar el coste de una mala decisión antes de que reviente todo un domingo a las 3AM.

Un ejemplo de DBA senior: sabe que hacer un BACKUP no es suficiente, que hay que automatizar la validación de restauraciones, que conviene pensar en RPO y RTO antes de que el CTO lo pregunte, y que poner todos los backups en la misma SAN que la base de datos es tan útil como poner un extintor dentro del fuego. Además, cuando revisa un plan de ejecución, no se queda en el dibujito bonito: entiende qué decisiones está tomando el optimizador y sabe cuándo necesita una intervención manual.

No necesariamente dará la solución más elegante, pero sí una que funcione, que no comprometa la seguridad y que no mate el rendimiento del sistema. Porque un senior de verdad no solo sabe lo que hace, sino por qué lo hace. Y lo más importante: también sabe cuándo no hacerlo.

Las horas que se cuentan (o no se cuentan)

Aquí entra uno de los mitos más persistentes del sector: las dichosas 5.000 horas para ser senior, y las 10.000 para ser experto. Un concepto que hemos heredado casi como dogma y que muchos repiten como si fuera una verdad revelada. La famosa teoría de la práctica deliberada que, si alguna vez tuvo sentido en el contexto del violín o el ajedrez, se ha degenerado por completo en el mundo técnico.

Porque no, no basta con acumular horas para ser mejor. Si tu jornada consiste en encender el PC, abrir Management Studio y hacer lo mismo que hiciste ayer, anteayer y hace dos años, entonces lo que estás sumando no son horas de experiencia, sino horas de repetición. Y eso no te convierte en senior. Te convierte en alguien que sabe repetir procesos.

La práctica solo te lleva a la maestría cuando es desafiante, consciente y dirigida a mejorar. Si no hay errores, reflexión y aprendizaje, da igual cuántas horas pongas: seguirás en el mismo punto. He visto gente con 2.000 horas de trabajo real, bien guiado, bien sufrido y bien reflexionado, que vale más que otros con 15.000 horas de pulsar “Next” en el asistente de instalación.

Así que si alguien te dice que ya ha superado las 10.000 horas y por tanto es experto, pregúntale si puede explicarte qué hace exactamente el Cardinality Estimator en SQL Server o cómo se comporta el Query Store bajo una carga de lectura intensiva. Si pone cara de “eso no lo he tocado”, ya tienes la respuesta.

El mito del experto

Y luego están los expertos. Esa palabra maldita que ha perdido su valor en LinkedIn. Todo el mundo es “experto” en algo. Hay quienes se autodefinen expertos en SQL Server por haber creado 4 procedimientos almacenados, un par de vistas y haber leído la documentación de sp_whoisactive.

Aquí conviene diferenciar. Un experto funcional puede ser brillante operando un entorno concreto: conoce de memoria las rutinas de mantenimiento, maneja la seguridad de usuarios sin pestañear, y sabe cómo lidiar con el sistema en el día a día. Pero un experto técnico va un paso más allá: entiende las tripas, cómo funciona realmente el optimizador de consultas, cómo afectan las estadísticas al plan de ejecución, o por qué tu índice columnstore se viene abajo con ese patrón de inserción masiva.

Ambos perfiles son valiosos, pero no son lo mismo. Y lo que más abunda son los que creen que ser expertos funcionales les convierte en gurús universales. Y no es así.

Un experto de verdad también sabe cuándo callarse y escuchar. Porque cuanto más sabes, más consciente eres de lo que te queda por aprender. Así de simple.

¿Y los niveles intermedios?

Esto es algo que muchas organizaciones siguen sin entender. No todo el mundo entra en la categoría binaria de junior o senior. Hay una progresión natural, pero parece que da miedo nombrarla. Habría que hablar más de perfiles middle, semi-senior, advanced junior o como demonios queramos llamarlos, pero con definiciones claras y expectativas razonables.

Piénsalo en términos prácticos: un middle DBA ya ha gestionado despliegues, se ha peleado con deadlocks y sabe cómo monitorizar correctamente el entorno. No es alguien a quien quieras dejar al mando de una arquitectura distribuida en microservicios con réplicas en 4 regiones de Azure, pero tampoco es el novato que lanza un TRUNCATE en producción sin comprobar antes si hay backup.

La falta de estas categorías intermedias genera frustración. Los juniors que progresan se sienten estancados, y los seniors reales se queman porque tienen que apagar fuegos sin ayuda suficiente. Así que sí, necesitamos más niveles, pero sobre todo, más claridad y menos ego en las etiquetas.

La falacia de la experiencia acumulada

Este es otro punto clave. Tener 5 años de experiencia no significa nada si has pasado esos 5 años repitiendo el mismo trabajo que hacías el primer mes. Lo que tienes entonces no son 5 años de experiencia, sino 1 mes de experiencia repetido 60 veces. Y eso, lo siento, no es lo mismo.

La experiencia que cuenta es la que desafía, la que te obliga a aprender algo nuevo, a tomar decisiones, a equivocarte y mejorar. Si tu trabajo durante años ha sido ejecutar tareas repetitivas en una base de datos que ni siquiera entiendes, difícilmente puedes reclamar el título de senior.

Y sí, esto pasa más de lo que creemos. Entornos donde la innovación técnica es nula, donde todo se hace igual “porque siempre ha funcionado”, y donde el único cambio en cinco años ha sido cambiar de proveedor de café. Luego llega alguien con 2 años en un entorno exigente y en 6 meses demuestra más criterio que tú. Duele, pero es real.

Entonces, ¿cómo se pasa de junior a senior, y de senior a experto?

Pasar de junior a senior requiere algo más que cumplir con lo que te encargan durante mucho tiempo. Hacer backups, monitorizar jobs o ejecutar scripts que te da otro está bien, pero no es suficiente. El salto se produce cuando empiezas a cuestionar lo que haces, a entender por qué se hace de una manera y no de otra, y a proponer alternativas. Un junior ejecuta. Un senior piensa y decide. Ese cambio de chip no viene solo con las horas, viene con iniciativa y curiosidad técnica.

Si eres junior, ten iniciativa. Pégate a los senior y a los expertos, y que te expliquen lo que hacen y por qué. Cuando escales una incidencia, pregunta si puedes participar en la solución. No siempre la carga de trabajo lo va a permitir, pero cuando se pueda, la mayoría de los buenos profesionales estarán encantados de explicarte las cosas. Y créeme: no tengas miedo a preguntar. Nadie que merezca la pena tiene miedo a que aprendas y le quites el trabajo. Al contrario: queremos que mejores para que puedas hacer más cosas tú, y nosotros podamos vivir mejor. Porque un equipo fuerte se construye compartiendo, no guardando secretos como si fueran recetas de la abuela.

Luego está el paso de senior a experto. Aquí la cosa se complica, porque ya no se trata solo de resolver problemas en tu día a día, sino de anticiparlos. El experto sabe detectar patrones, entender tendencias y diseñar sistemas para que el fuego no llegue a prenderse. Y, además, sabe explicarlo a otros. Porque si no eres capaz de transmitir tu conocimiento, tu “expertise” se queda en ego. Un verdadero experto enseña, documenta, comparte. Ahí está parte de la diferencia.

¿Y hace falta dar un “extra” fuera del trabajo? Seamos claros: sí. Si te limitas a lo que ves en tu jornada laboral, avanzarás, pero despacio, muy despacio. El que llega más lejos es el que dedica tiempo a seguir estudiando, probando, rompiendo cosas en entornos de pruebas, leyendo papers, explorando novedades y enfrentándose a problemas que quizás no le toquen aún. La gente que crece es la que tiene curiosidad más allá de su checklist diario.

Ojo, tampoco se trata de romantizar las jornadas interminables de autoestudio como si fueran la única vía. No es sano ni sostenible trabajar 8 horas y estudiar otras 8. Pero la realidad es que los mejores profesionales que he conocido no apagaban el ordenador al terminar de trabajar y se olvidaban de todo. Seguían investigando, aunque fuera con un proyecto personal, un curso puntual o trasteando con la última versión de SQL Server en una máquina virtual.

Con todo esto, ¿qué valor tiene realmente una etiqueta?

La respuesta honesta es, depende de quién la use y para qué. Para muchos reclutadores es simplemente un filtro. Algunos managers se lo toman como una excusa para pagar menos. Para los técnicos, un arma de doble filo: puede abrirte puertas o hacer que te pidan milagros.

Pero hay algo que no cambia: los títulos no te salvan cuando el clúster se cae, cuando hay que restaurar un backup sin dormir o cuando el rendimiento se desploma sin motivo aparente. En esos momentos, solo cuenta lo que sabes hacer. Y lo que sabes transmitir.

Porque si algo he aprendido después de más de una década en este mundo, es que el respeto profesional no se gana con etiquetas, sino con hechos. Con decisiones acertadas bajo presión, con humildad para reconocer errores y, sobre todo, con ganas de seguir aprendiendo aunque tengas el CV lleno de palabras bonitas.

Y aquí viene la idea final: ser junior, senior o experto no es un estado fijo. Es un proceso continuo. Hoy puedes ser senior en SQL Server 2019, pero si dejas de aprender, mañana serás el que se quedó atascado en técnicas de hace una década. El mercado no espera a nadie, y el conocimiento tampoco.

Conclusión

Las etiquetas junior, senior y experto seguirán existiendo, pero lo importante es no tomárselas demasiado en serio. Sirven como orientación, sí, pero no son la verdad absoluta. Mucho menos en un sector donde el conocimiento evoluciona a la velocidad del rayo y donde lo que hoy dominas, mañana está obsoleto.

Así que, la próxima vez que alguien te diga que es senior porque ha superado las 5.000 horas, o experto por las 10.000, recuerda que también hay quien cree que el MERGE bien hecho existe. Nosotros no lo hemos visto. Pero tampoco hemos visto unicornios.

Publicado por Roberto Carrancio en Otros, 2 comentarios

¿Por qué estudiar los fundamentos?

Llevo más de una década trabajando con bases de datos, y si hay algo que tengo cada vez más claro es esto: los fundamentos importan. Y no, no lo digo por nostalgia académica ni por espíritu conservador. Lo digo porque cada vez que veo un desastre en producción, casi siempre hay un denominador común: alguien ignoró los fundamentos, o directamente nunca los estudió. Así que vamos a hablar de eso. De lo básico. De lo que muchos consideran opcional y, sin embargo, marca la diferencia entre un profesional que sabe lo que hace y uno que improvisa con Stack Overflow abierto en una pestaña (o ChatGPT en estos tiempos).

Fundamentos: no se ven pero se notan

Entender cómo funciona una base de datos por dentro no es un lujo, es una necesidad. Y lo digo con conocimiento de causa. Me he encontrado proyectos donde la base de datos era una especie de Frankenstein montado a base de copiar código, sin ninguna lógica de integridad ni normalización. Y claro, luego vienen los lloros cuando hay incoherencias, cuellos de botella inexplicables o bloqueos que paralizan toda la aplicación.

Hablar de fundamentos es hablar de normalización, de integridad referencial, de transacciones, de concurrencia, de índices, de bloqueos, de cómo se almacenan los datos físicamente… Y eso no es teoría: es el pan de cada día si queremos que un sistema aguante sin incendiarse cada semana.

SQL Server no es sólo Management Studio

Cuando empecé con SQL Server, también me deslumbró el Management Studio. Tan cómodo, tan visual, tan lleno de botones que prometían hacer magia. Pero claro, esa magia dura lo que tarda en explotar el primer MERGE mal planteado o en aparecer un plan de ejecución de 20 niveles de nested loops.

Con el tiempo, y a base de errores, fui entendiendo que SQL Server es una bestia que hay que conocer. Hay que saber cómo el motor registra las operaciones en el Transaction Log, cómo se gestiona la memoria, qué hace el optimizador cuando decide (o no) usar un índice. Porque si no sabes eso, estás jugando a la ruleta rusa cada vez que ejecutas algo en producción. Y lo peor: ni siquiera lo sabes.

El boom del autodidacta exprés

He visto mucha gente entrar en este mundo con ganas, con energía, con actitud. Y eso me encanta. Pero también he visto cómo se les empuja a saltarse pasos. Tutoriales que enseñan a hacer SELECT * sin explicar por qué no deberías hacerlo jamás. Cursos que te arman para hacer un JOIN pero no te dicen qué es una clave primaria o cómo se gestionan los bloqueos.

Lo autodidacta tiene muchísimo valor. Yo mismo he aprendido así muchas cosas. Pero cuando todo se basa en “funciona, siguiente”, estamos criando técnicos que saben hacer, pero no entienden lo que están haciendo. Y eso es peligroso. Porque cuando algo deja de funcionar —y tarde o temprano, lo hará— no saben por qué. Y entonces empieza el festival de parches, workarounds, y soluciones que solo esconden el problema, como barrer la mierda debajo de la alfombra.

Esto no va de teoría vs. práctica

A veces me dicen: “Eso son cosas de la universidad, lo que importa es lo que funciona”. Y yo me río. Porque he estado a las tres de la mañana revisando por qué una transacción no terminaba, por qué un índice no se usaba o por qué un proceso estaba bloqueando a media base de datos. Y en esos momentos, lo que me salvó no fue ningún truco aprendido en Reddit, sino entender cómo funciona el motor por dentro.

Los fundamentos no te hacen más lento, te hacen más preciso. No es teoría inútil, es saber en qué estás apoyando todo lo demás. Es tener criterio para decidir, no ir al tuntún. Porque cuando entiendes lo básico, puedes aprender cualquier herramienta nueva con cabeza. Pero si solo sabes herramientas, dependes de ellas como quien necesita el GPS hasta para ir a comprar el pan.

Los fundamentos son las bases que no lo básico

Hay una confusión peligrosa que veo cada vez más: pensar que los fundamentos son lo básico. Como si hablar de ACID, de niveles de aislamiento o del funcionamiento del buffer pool fuera algo para juniors, y lo verdaderamente avanzado empezara cuando montas un clúster distribuido o haces tuning con hints arcanos. Pues no. Justo al revés.

Los fundamentos no son el punto de partida. Son el núcleo. Lo que no caduca. Lo que no depende de versiones ni modas. Cuando entiendes bien cómo trabaja el motor de SQL Server con páginas de 8KB, cómo se comporta una transacción en READ COMMITTED SNAPSHOT, o qué ocurre cuando haces un ROLLBACK a mitad de un trigger, no estás en lo básico. Estás en el corazón mismo de cómo funcionan las cosas.

He visto a gente presumir de saber hacer particionamiento por fecha y, al mismo tiempo, no tener claro qué diferencia hay entre un índice agrupado y uno no agrupado. ¿De qué sirve montar una solución distribuida si no controlas el coste de una tabla sin estadísticas? ¿Qué sentido tiene optimizar con Query Store si no sabes cómo interpreta el optimizador una subconsulta correlacionada?

Los fundamentos no se superan. Se profundizan. Cada vez que los reviso, aprendo algo nuevo. Y cada vez que los ignoro… lo pago. Con tiempo, con sustos, o con llamadas a deshora

Lo que pasa cuando se olvidan los fundamentos

He visto demasiadas veces los síntomas de no haber tocado nunca los fundamentos. Tablas sin claves primarias. Tipos de datos elegidos a boleo. Relaciones “gestionadas desde la aplicación”. Procedimientos imposibles de mantener, triggers infernales, y consultas que parecen escritas por un generador aleatorio de SQL.

Y todo eso se podría haber evitado si alguien hubiese dedicado un par de tardes a entender qué es una tercera forma normal o cómo funciona un índice no agrupado. No se trata de ser purista, se trata de no meter la pata en cosas que tienen solución desde hace décadas.

¿Y entonces qué?

Pues estudiemos. Con calma. Con profundidad. No para pasar exámenes ni certificar nada, sino para trabajar mejor. Volvamos a los libros viejos que explican qué es una base de datos relacional. Leamos la documentación de SQL Server, pero de verdad, no solo los ejemplos de código. Miremos planes de ejecución como si fueran mapas del tesoro, no como pantallazos incomprensibles.

Aprender los fundamentos es como afilar el cuchillo antes de cortar. Puede parecer una pérdida de tiempo… hasta que cortas mejor, más rápido, y sin cortarte tú.

Conclusión

Yo no quiero trabajar con gente que se sabe 50 funciones de ventana pero no entiende lo que hace un ROLLBACK. Quiero trabajar con gente que tenga criterio. Y ese criterio solo se construye con base, no con atajos.

Así que sí: hay que estudiar los fundamentos. Porque eso es lo que marca la diferencia entre un profesional fiable y alguien que copia y pega esperando que funcione. No es glamour. No es moda. Es oficio.

Y si este verano tienes un rato, échale un ojo a cómo funciona el Transaction Log. Te prometo que es más interesante que muchas series. Y desde luego, más útil.

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¿Hasta qué punto ayuda el conocimiento del negocio a un DBA?

El papel del administrador de bases de datos (DBA) ha evolucionado considerablemente con el tiempo. Si bien sus responsabilidades fundamentales siguen siendo la administración de sistemas, optimización del rendimiento y mantenimiento de la disponibilidad, el contexto en el que operan los datos ha adquirido una relevancia creciente. El conocimiento del negocio no solo potencia la eficiencia de un DBA, sino que también le permite aportar soluciones alineadas con los objetivos estratégicos de la organización.

Diseño y modelado de bases de datos con propósito de negocio

El diseño de bases de datos es una de las áreas donde más se nota la diferencia entre un DBA con conocimientos técnicos y otro que, además, entiende el negocio. Cuando un administrador comprende los procesos empresariales, como la estructura de ventas, el control de inventario o los flujos de producción, el modelado de datos se vuelve más coherente y efectivo. Este conocimiento permite crear esquemas que reflejan la operativa real, optimizando no sólo la integridad de los datos, sino también la capacidad del sistema para dar respuesta a las necesidades de la organización.

Por ejemplo, en un escenario donde los reportes financieros son fundamentales para la toma de decisiones, un DBA con visión de negocio podrá anticipar qué tablas y consultas son críticas. Esto le permitirá definir índices, particiones y optimizaciones específicas para esas áreas, asegurando que los procesos clave se ejecuten con rapidez. Por el contrario, un diseño basado exclusivamente en criterios técnicos puede generar soluciones rígidas que dificultan la adaptación a los cambios en los requisitos del negocio.

Todo esto es importante aunque el DBA no sea quien define y modela ya que, aun en estos casos, su supervisión es crítica. Además esta visión global le facilitará anticiparse a problemas causados por un fallo en este sentido.

Optimización de rendimiento alineada con el negocio

El conocimiento del negocio también desempeña un papel clave en la optimización del rendimiento. Aunque las métricas técnicas son esenciales para medir la eficiencia de una base de datos, estas carecen de sentido si no están alineadas con las prioridades de la empresa. Cuando los DBA entendemos el impacto real de un proceso podemos enfocarnos en optimizar las consultas o tareas que realmente afectan al negocio.

Cuando una consulta tarda demasiado en ejecutarse, es fundamental comprender cómo se utilizan esos datos. Si el rendimiento afecta directamente a la generación de reportes de ventas o análisis de inventario, nuestras acciones como DBA deberán enfocarse en resolver ese problema con la mayor prioridad. Al conocer la operativa, podemos tomar decisiones más acertadas, como proponer estrategias de ColumnStore, particionado o ajustes de índices específicos, sabiendo que estas optimizaciones repercutirán directamente en la eficiencia operativa de la organización.

Por último también podremos anticiparnos y preparar el servidor para momentos de especial carga de trabajo como periodos de ofertas en tiendas, cierres fiscales en sistemas contables o cualquier eventualidad propia de nuestra empresa.

Resolución de incidencias y priorización de tareas acorde a las necesidades de negocio

La resolución de incidencias es otra área donde el conocimiento del negocio puede marcar una gran diferencia. Un DBA experimentado sabe que no todas las consultas o procesos tienen el mismo impacto. La comprensión de los procesos críticos, como el cierre contable mensual o los análisis de producción, nos permite a los administradores priorizar las tareas según su urgencia y relevancia para el negocio.

Por ejemplo, durante un cierre financiero, un problema en las consultas que alimentan los reportes puede paralizar decisiones clave de la alta dirección. Un DBA que entiende la importancia de estos procesos actuará con celeridad, enfocando sus esfuerzos en identificar y resolver la causa raíz del problema. Esta capacidad para priorizar no solo mejora la eficiencia del administrador, sino que también garantiza que el negocio continúe funcionando sin interrupciones.

Migraciones y rediseños orientados a las necesidades de negocio

En proyectos de migración o rediseño de bases de datos, el conocimiento del negocio es aún más relevante. Estos procesos suelen implicar cambios estructurales y la adopción de nuevas tecnologías, lo que requiere una planificación detallada y un entendimiento claro de las necesidades empresariales. Un DBA que domina el contexto del negocio será capaz de proponer soluciones que no solo mejoren el rendimiento técnico, sino que también aporten valor a la organización. Por no hablar de que sin conocimiento de lo que pasa en el negocio solo vamos a poder cubrir las necesidades actuales que vemos sin ser capaces de prever lo que pasará en un futuro cercano. ¿Cómo vamos a poder dimensionar así correctamente un servidor nuevo?

Durante una migración de SQL Server 2019 a 2022, por ejemplo, los administradores con esta perspectiva no nos limitaremos a realizar una actualización técnica. Evaluaremos el modelo de datos, identificaremos oportunidades de optimización y propondremos mejoras que beneficien a los procesos críticos del negocio. Esto puede incluir desde la implementación de nuevas funcionalidades del motor a ajustes en el almacenamiento de datos o la adopción de estrategias más eficientes para la gestión de consultas complejas.

Colaboración entre equipos y comunicación efectiva

Como DBA el conocimiento del negocio también nos facilita la colaboración con otros equipos, como desarrolladores, analistas de negocio y administradores de sistemas. Al actuar como un puente entre el lenguaje técnico y las necesidades empresariales, el administrador de bases de datos puede contribuir a la creación de soluciones más efectivas y alineadas con los objetivos de la organización. Esta comunicación fluida permite anticipar problemas, evitar malentendidos y asegurar que los esfuerzos propios del DBA tengan un impacto positivo en el funcionamiento global del negocio.

Conclusión

El conocimiento del negocio es una herramienta imprescindible para un administrador de bases de datos que aspire a aportar valor más allá de sus competencias técnicas. Esta comprensión le permite diseñar bases de datos eficientes, optimizar procesos clave y resolver problemas con mayor rapidez y eficacia. Además, facilita la colaboración con otros equipos y asegura que las decisiones del DBA estén siempre alineadas con los objetivos estratégicos de la organización. Al entender el contexto empresarial, el administrador no solo gestiona datos, sino que se convierte en un aliado fundamental para el éxito y la competitividad del negocio.

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Un día en la vida de un DBA: Consultas, Caos y Dudosa Capacidad Técnica (Artículo de HUMOR)

Como DBA de SQL Server, mi día es una mezcla de comedia, drama y suspense, con algunos toques de terror. Aquí os presento cómo transcurrió un día cualquiera en mi vida, repleto de personajes inolvidables, cada uno con su consulta particular y su manera única de contribuir al colapso del servidor. Abrid vuestra mente… y vuestro SQL Server Management Studio.

8:00 AM: Paco “El SELECTor” y la Consulta Infinita

Nada más abrir mi sesión, mi querido compañero Paco, el SELECTor (porque selecciona todo sin filtro), aparece con su ya clásica sonrisa de inocencia. Paco es de los que todavía piensan que SQL Server es algo mágico y que “si no devuelves todas las columnas, seguro te dejas algo importante”.

Me encuentro con su obra maestra, digna de un Anti Premio a la peor consulta del año:

-“¡No entiendo por qué tarda tanto! ¡Si son solo los pedidos del año!”, exclama Paco, mientras agita su taza de café de “No es magia, soy desarrollador”.

Le explico con calma (una vez más) que cada vez que usa SELECT * en producción muere un gatito y que filtrar con funciones como YEAR() no permite que SQL Server use los índices. Con cara de «eso me lo enseñaron en un curso de YouTube», Paco se compromete a mejorar. Mientras tanto, optimizo la consulta:

Optimización: índice + eliminación de funciones

Resultado: Consulta en segundos. Paco asiente con admiración y anota algo en su libreta, probablemente «Pedir más memoria al DBA».

10:00 AM: Toñi “SinWHERE” y el Script Nuclear

Toñi es de esas desarrolladoras que tienen una relación tóxica con el entorno de producción. Tiene un lema: «Si funciona en mi local, funciona en producción». Y hoy, decidió demostrarlo.

Recibo una alerta: «La tabla Employee está vacía». Con el corazón encogido, abro los logs y ahí está el script más temido:

-“¡Uy! Me olvidé el WHERE. Pero no pasa nada, para eso están los backups, ¿no?”, dice Toñi con una sonrisa que desearía no ver nunca más.

Intento explicarle que “no pasa nada” es lo que dice un soldado cuando pisa una mina. Mientras recupero los datos, aplico medidas preventivas:

ATPC. No me fío ni un pelo.

1:00 PM: Manolo “El Shuffle” y el Caos Aleatorio

Manolo, alias “El Shuffle”, es el encargado de los informes y estadísticas. Es fan del “orden aleatorio” porque, según él, “las listas aburren a la gente”. Y claro, cuando quiere algo “aleatorio”, lanza lo siguiente:

-“Es que así queda guay, aleatorio, como mi lista de Spotify”, argumenta Manolo mientras hace girar su silla de oficina cual plato de mesa de mezclas de DJ.

Le explico (otra vez) que NEWID() obliga a SQL Server a generar GUIDs para todas las filas de la tabla y luego ordenarlos. Todas estas operaciones se hacen en memoria y con su maravillosa tabla de 200 millones de registros eso no es una buena idea. Así que le doy una alternativa más eficiente para obtener una muestra aleatoria:

¡Magia! “¿Ves? Es que tú lo complicas todo”, dice con su típica confianza de «yo lo leí en Stack Overflow».

4:00 PM: Javi “El SinÍndices” y la Carga Masiva

Cuando el servidor ya está medio recuperado, aparece Javi, “El SinÍndices”. Su teoría es que los índices ralentizan la carga de datos (y no le falta razón… a medias). Así que en su infinita sabiduría, ha borrado todos los índices de la tabla Invoices para cargar más rápido.

“¡La carga ha ido como un rayo!”, dice orgulloso.

– “¿Y las consultas que dependen de esa tabla? ¿Les has preguntado cómo van?”, respondo yo con una mirada de fuego.

Para evitar futuros desastres, le tatuo en el antebrazo que si vuelve a borrar índices no respetaré los derechos humanos y recurriré a la tortura en nuestra próxima interacción.

6:00 PM: El Jefe “Sin Backup no Hay Paraíso”

Justo cuando creo que puedo irme, mi jefe aparece con cara de preocupación:

– “¿Tenemos backup de todo esto, verdad?”.

Le muestro mi carpeta de backups, replicados hasta en la luna si es necesario. Porque si algo tengo claro después de años de sufrimiento es que sin backup, no hay DBA que sobreviva.

Conclusión: La vida del DBA es un Reality Show

Un día más salvando a Paco, Toñi, Manolo y Javi de ellos mismos. Un día más optimizando consultas, corrigiendo scripts desastrosos y asegurando que el servidor no arda en llamas. La próxima vez que escuches «¿pero qué hace un DBA?», recuérdales que sin nosotros, el caos reinaría en el mundo de los datos.

Y si alguno de estos personajes te suena… ¡ánimo! Seguro que en tu día a día también te encuentras con alguno de ellos.

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Cómo ser DBA y no morir en el intento (Artículo de HUMOR)

Trabajar de DBA de SQL Server es un oficio lleno de misterio, expectativas y, por qué no decirlo, frustraciones. Para empezar, nadie fuera del departamento técnico sabe realmente qué hacemos. La frase «oye, ¿y eso no lo hace Excel?» ya la hemos oído más veces que el «hola» de nuestra madre. Y es que la vida del DBA no es fácil. Somos los héroes olvidados del backend, los guardianes de las consultas bien escritas, los que nos mantenemos despiertos mientras el servidor dice «timeout expired».

El Ritual del SELECT TOP 1

El primer mandamiento del DBA es: «No harás un SELECT * sobre producción». ¿Lo hemos hecho? Más veces de las que admitiremos públicamente. Nos han pillado… Una vez. Desde entonces, siempre usamos el sagrado TOP 1 como si fuera un amuleto de buena suerte.

Y claro, cuando el jefe nos pregunta si la consulta es rápida, respondemos con la calma del que sabe que su CTE tiene 15 niveles de recursión: «Depende de cuántas JOINS a tablas tenga».

Mi job de mantenimiento es tu pesadilla

Hay dos tipos de personas en el mundo: las que confían ciegamente en sus backups y las que aún no han sufrido una catástrofe. Un DBA vive cada día en ese delgado filo entre la tranquilidad y el infarto. Si CHECKDB devuelve errores, la presión sanguínea sube más rápido que un autoincremental en una tabla de log. Y, por supuesto, siempre está el compañero de «¿para qué necesitamos índices? El SQL Server ya lo resuelve solo».

Amigo, si piensas eso, espero que te guste el café frío y las noches de insomnio porque tú y los deadlocks vais a ser mejores amigos.

El cliente que cambia las reglas del juego

Todos hemos tenido ese momento glorioso cuando un desarrollador dice: «es que necesitaba agregar una columna con un VARCHAR(MAX) para meter más datos«. Claro, porque meter más datos no tiene ningún impacto en el rendimiento… spoiler alert: sí lo tiene. El resultado suele ser que la tabla pasa de «normalita» a «más ancha que la autopista de circunvalación».

Y ahí estamos nosotros, intentando convencerles de que VARCHAR(100) ya era suficiente. Pero no, necesitamos ser «future-proof». Lo único proof aquí es el dolor de cabeza que nos deja el nuevo plan de ejecución.

El Optimizer: Nuestro juez implacable

La vida de un DBA también gira en torno a una relación tóxica: nosotros y el Optimizer. Esa entidad invisible que, por algún motivo, decide que el seek es aburrido y prefiere hacer un table scan como si estuviera buscando las llaves del coche en un descampado. ¿La causa? Quizás fue el parameter sniffing, la luna llena o simplemente un lunes.

Cuando el Execution Plan se vuelve contra nosotros, tenemos dos opciones: optimizar o sacar la carta prohibida del HINT. Porque, seamos sinceros, a veces un OPTION (RECOMPILE) nos salva más que un paracetamol.

El usuario de «Es solo una consulta»

Si trabajas de DBA, habrás oído la temida frase: «es solo una consulta rápida, ¿puedo lanzarla en producción?«. «Solo una consulta rápida» significa que va a tardar 45 minutos, tirar el servidor y llevarse puestos otros procesos en el camino. No falla.

Es más, cuando el usuario aparece en nuestra bandeja de entrada con el ASAP, ya sabemos que no será ni rápido ni sencillo. El «as soon as possible» no aplica en SQL Server si hay un WHERE mal puesto y un índice invisible que clama venganza.

Conclusión: Ser DBA es un oficio heroico

Al final del día, seguimos aquí. Porque aunque SQL Server sea un pequeño tirano, nos encanta domarlo. Amamos ver cómo un plan de ejecución mejora, cómo los backups funcionan cuando los necesitamos y cómo ese usuario que decía que «la base de datos está lenta» acaba reconociendo que el problema estaba en su código.

La próxima vez que un compañero te pregunte si el problema es del servidor, responde con un guiño: «¿Y has revisado tu código?«. Porque, amigos, el DBA no culpa… solo observa.

¡Larga vida a la optimización de consultas y que los CHECKDB estén siempre de vuestro lado!

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Las preguntas más absurdas que un DBA puede escuchar en una entrevista de RRHH (Artículo de HUMOR)

Quienes trabajamos como administradores de bases de datos (DBA) hemos pasado por entrevistas laborales que podrían calificarse como una experiencia de alto riesgo. Más que evaluar nuestras competencias técnicas, a menudo parecen un test de paciencia. Y no, no estamos hablando de preguntas como “¿Cuáles son las diferencias entre un índice clustered y non-clustered?”. Nos referimos a joyas del absurdo que solo un departamento de RRHH puede lanzar con total tranquilidad. Antes de seguir, un pequeño disclaimer, todo lo que vas a leer a continuación es pura ficción y una exageración, lo que no quiere decir que, en ocasiones, la realidad supere la ficción.

El examen de «personalidad» camuflado de absurdo

Algunos reclutadores no entienden del todo qué hace un DBA, no les culpo, no es su trabajo. El problema viene cuando deciden que, ya que no tienen ni idea de lo que hablamos lo mejor que pueden hacer es recurrir a particulares test de personalidad. Y no, no estoy hablando del test de MBTI, me refiero a preguntas mucho más absurdas que sacan lo peor (o mejor) de nosotros

Si fueras una tabla de SQL, ¿qué nombre tendrías y por qué?

Es aquí cuando miras al entrevistador con cara de ¿en serio? mientras piensas: «Esta pregunta viene con un CROSS JOIN de desconcierto y absurdidad». Pero, como eres un profesional, te pones creativo:

«Sería dbo.Entrevista_RRHH porque, al igual que en esta sala, hay muchos campos innecesarios que ralentizan el proceso». Y si estás inspirado: «Y, por supuesto, con una clave primaria, porque si algo me define es que siempre mantengo la integridad referencial».

El entrevistador sonríe y toma notas. No entiende ni una palabra, pero le parece bien.

¿Te consideras más un trigger o un procedimiento almacenado?

Aquí la cosa se complica porque sabes que cualquier respuesta va a derivar en algún análisis de personalidad de esos que llenan PowerPoints con diagramas de colores. Piensas en algo como: «Un trigger, porque reacciono rápido cuando algo va mal y siempre ejecuto la acción adecuada. Aunque, a diferencia de los triggers mal diseñados, no me cargo el rendimiento del sistema». Si ese día te has levantado con el pie izquierdo igual lo que te nace es algo mucho más irónico, como: «Un procedimiento almacenado, claro, porque en mi trabajo, igual que en los procesos bien optimizados, todo está planificado y nadie tiene que revisar los logs de errores inesperados.» 

Pero, lo piensas dos veces, si respondes «un trigger», parece que saltas a la mínima. Si dices «un procedimiento almacenado», suena a que necesitas mucha preparación para hacer algo. Así que terminas diciendo que un ROLLBACK y a ver si le cortocircuita el cerebro y sobrevivimos unos minutos más hasta llegar a la siguiente pregunta.

¿Qué tipo de relación tienes con tus compañeros, un INNER JOIN o un LEFT JOIN?

Esta pregunta suena tan profunda como absurda. Te planteas si te has metido sin querer en una sesión de terapia grupal en lugar de una entrevista técnica. Respiras hondo y sueltas:

«Claramente un INNER JOIN, porque con mis compañeros siempre buscamos resultados eficientes y no nos gustan las inconsistencias. Si alguien no aporta, mejor quedarse con un NULL».

Aquí es cuando miras la cara del entrevistador y ves que has acertado, menos mal que no has dicho eso más sarcástico que realmente piensas: «Mis compañeros parecen LEFT JOIN con registros fantasma que solo ocupan espacio y no aportan nada al output.»

¿Cómo gestionarías tu vida personal si fuera una base de datos relacional?

Una de esas preguntas que te dejan boquiabierto y te hacen preguntarte si no habrá cámaras ocultas en la sala. Intentas mantener la compostura: «Primero haría una buena normalización, porque prefiero la eficiencia y no me gusta cargar con datos redundantes. Luego implementaría backups incrementales para cuando las cosas se complican y, por supuesto, borraría las tablas temporales que no aportan nada a mi día a día».

Si el entrevistador parece satisfecho, rematas con una sonrisa: «Y siempre con un buen índice de prioridades, porque la vida es como una query: si no la optimizas, acaba siendo lenta y costosa».

El desafío de lo no técnico

En ocasiones, una vez pasado el dudoso test de personalidad, llegamos a otra fase donde las preguntas parecen sacadas de un test de Rorschach. Para un DBA, acostumbrado a la lógica y la estructura, escuchar estas cuestiones es cómo ejecutar un delete sin WHERE. Me refiero a cosas como estas.

¿Qué harías si te encuentras con una base de datos rebelde?

Aquí intentas contener la risa y respondes algo técnico para sonar serio. Pero, ¿realmente ha dicho una base de datos rebelde? No sabía que la entrevista de trabajo era para trabajar como DBA Jedi en la Estrella de la Muerte.

Si la base de datos falla, ¿te estresarías?

Vuelve al ataque. Tus intentos de evitar la pregunta anterior han sido infructuosos y ahora el entrevistador golpea de nuevo con esta pregunta que parece un ataque directo. Te apetece contestar algo del tipo: “No, en absoluto, me pondría a bailar una jota mientras los usuarios gritan por un downtime. ¿Qué creen que hacemos?” 

Porque, no nos engañemos, cualquier DBA que se respete ha vivido la experiencia traumática de una base de datos caída en producción a las 3 AM. Pero te detienes un instante, meditas y respondes con toda la ironía del mundo:

«¿Estresarme? ¡Para nada! Es una situación maravillosa para practicar mis habilidades de meditación transcendental mientras 300 usuarios esperan que resuelva el desastre».

Si te piden algo más serio, matizas: «Más que estresarme, actuaría. Es como un incendio, no te sientas a filosofar. Buscas el extintor, localizas el backup y vuelves a poner todo en orden.»

Clásicos «RRHH-style» que siempre vuelven

Y no pueden faltar las típicas preguntas genéricas vacías que ningún técnico puede soportar. Ya sabéis a las que me refiero, vamos a verlas.

¿Dónde te ves en 5 años?

Respondes sin pensar. Después de pasar por esta entrevista, cansado y con toda la ilusión por el puesto de trabajo ya perdida no te quedan fuerzas para más. Obviamente es una respuesta con un toque ácido pero que esconde un deseo de que el mundo se convierta en un lugar mejor:

«Me veo liderando un equipo de bases de datos en una empresa que no haga preguntas de terapia psicológica durante las entrevistas. Y, con suerte, trabajando en entornos que no tengan bases de datos heredadas sin documentación. Si no se puede, buscaré la manera de hacer tuning a tu proceso de selección para eliminar estas preguntas inútiles».

Ahora en serio, en el mundo en el que nos movemos todo cambia muy deprisa. Seguramente, tú que me estás leyendo, estás trabajando ahora con cosas que no existían hace 5 años. ¿Cómo quieren que respondamos a esa pregunta? Lo único que tengo claro es que, dentro de 5 años, el ticket ese que tengo pendiente esperando la respuesta del usuario va a seguir ahí, en el mismo estado.

¿Qué animal te representa mejor en tu trabajo?

Esto sí que es un clásico del manual de RRHH. La tentación de decir «un koala dormido porque mi sistema funciona sin incidentes» es fuerte, pero decides optar por algo más elegante: «Un búho, porque soy nocturno, vigilo todo con precisión y, cuando llega el desastre, actúo con rapidez y sin ruido innecesario. Además, no molesto mientras los demás duermen.”

Conclusión

Las entrevistas con RRHH son una prueba en sí mismas. Si sobrevives a preguntas como “¿qué tipo de JOIN eres?”, te puedes considerar un candidato resistente, optimizado y listo para cualquier desastre en producción. Porque, al final del día, un DBA siempre tiene claro cómo responder a las consultas más difíciles, incluso si vienen de un reclutador armado con un SELECT de preguntas innecesarias e ineficientes.

Si algo nos enseñan las entrevistas con RRHH es a dominar el arte de la diplomacia. Al final, todo se reduce a un simple hecho: por muy absurdo que suene el proceso, seguimos siendo los guardianes de los datos. Así que, estimado entrevistador, la próxima vez, menos triggers emocionales y más consultas bien indexadas.

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El día que el servidor dijo «Basta»: Confesiones de un DBA (Artículo de HUMOR)

Todo DBA tiene su límite. Esa delgada línea entre la paciencia infinita y querer estampar el teclado contra la pared. El día del que os hablo fue uno de esos. Un día que empezó tranquilo y terminó en una lucha encarnizada entre el servidor, el Optimizer y mi cordura.

Os cuento lo que ocurrió: un desplome monumental de rendimiento, misterios sin resolver y consultas que me hicieron replantear mi carrera profesional.

9:00 AM: La CPU al 100% y el misterio del índice fantasma

Llego a la oficina con mi café recién hecho y veo las alertas parpadeando como luces de Navidad: “CPU al 100%. El servidor está llorando”.

Abro el Activity Monitor y ahí está. Una consulta devorando recursos como si no hubiera mañana. La autora de semejante hazaña es la tabla Sales.OrderDetail, que por algún motivo ha pasado de ser una tabla tranquila a Satán hecho tabla.

La consulta en cuestión es:

Aparentemente inocente, ¿verdad? Pues no. Esta tabla tiene 50 millones de registros y sin ningún índice útil. Le pregunto al equipo:

– “¿Dónde están los índices?

– “Los quitamos ayer porque ralentizaban las inserciones”, responden orgullosos.

Respirando hondo, les explico que quitar índices no soluciona los problemas de rendimiento. Es como quitar los frenos del coche para ir más rápido: técnicamente es cierto, pero no saldrá bien.

Solución: Creamos un índice adecuado:

Ejecuto la consulta de nuevo y, ¡milagro! La CPU se relaja. El servidor me guiña un ojo en señal de agradecimiento.

11:00 AM: La «Optimización» del Query Planner

Todo iba bien hasta que mi compañero Pepe —que jura que el Query Optimizer es inteligente— decidió lanzar su joyita del día.

– “He usado un HINT para asegurarme de que use el índice correcto”, dice, mientras me enseña esta aberración:

Sí, habéis leído bien: INDEX(0). El equivalente SQL a decirle al Optimizer: «Da igual que lo sepas hacer bien, quiero que me compliques la vida». 

– “Pepe, eso no optimiza nada. Has forzado al Optimizer a usar una estrategia peor”.

Pepe, con cara de no entender nada, me pide una explicación. Así que se la doy:

El Optimizer no es un enemigo, es un colega que necesita que le demos buenos datos. WITH (INDEX(0)) indica al motor de base de datos que no tiene que usar ningún índice. Si la tabla es un HEAP hará un table scan aunque haya índices nonclustered. Si la tabla tiene un cluster jamás hará un seek y siempre hará un scan. Si lo que queremos es que use el índice clustered deberíamos usar WITH (INDEX(1)) que dejará que el motor use lo más eficiente, un seek o un scan, depende del caso. Pero rara vez vas a tener que usarlo, si tus estadísticas están actualizadas y tus índices bien creados, SQL Server tomará la mejor decisión posible.

Actualizo las estadísticas:

Le muestro cómo forzar buenos resultados sin jugar a ciegas con los HINTs:

Resultado: La consulta se ejecuta en 0.2 segundos sin INDEX(0) ni tonterías. Pepe asiente. Creo que hoy hemos ganado una pequeña batalla.

2:00 PM: El Desastre del «Top 1» sin orden

Después de comer, el desarrollador novato —al que llamaremos Juanito— me lanza una consulta de soporte urgente:

– “Necesito el último pedido. Lo he arreglado con un TOP 1”.

Cuando veo la consulta, siento una punzada en el estómago:

– “¿Y dónde está el ORDER BY?” —pregunto yo, temblando.

– “¿Hace falta?”, responde Juanito, con una inocencia que me desarma.

Le explico que TOP 1 sin ORDER BY no garantiza el «último» ni el «primero». Solo devuelve el primero que pille, que puede ser cualquier registro según el orden físico de la tabla.

Solución:

– “¿Y si quiero asegurarme de que sea rápido?”, me pregunta.

– “Pon un índice en OrderDate. Tu servidor te lo agradecerá”.

La consulta ahora funciona como debe. Juanito toma notas en su libreta titulada “SQL para Torpes”.

5:00 PM: El plan de backup olvidado

Pensaba que el día había terminado cuando, de repente, entra en mi despacho el jefe:

-“¿Hiciste un backup esta mañana? Necesitamos restaurar la base de datos de ventas de ayer”.

Aquí el humor negro se hace real. Porque claro, en esta oficina, el backup se convierte en un problema solo cuando hace falta. Le miro fijamente:

– “¿Sabes qué es un backup, jefe?”.

Silencio incómodo. Por suerte, en esta ocasión sí tenemos backup diferencial. Aprovecho para darle una lección. Sin backups no hay paraíso. El desastre es cuestión de tiempo.

Ejecutamos la restauración:

El jefe respira aliviado. Yo termino el día con la satisfacción de que los backups me salvaron el pellejo.

Conclusión: El servidor puede fallar, yo no

La vida de un DBA está llena de desafíos. Desde índices borrados hasta HINTs absurdos y consultas sin ORDER BY. Pero si algo aprendemos con el tiempo es que el desastre no es opcional; la preparación sí lo es.

Cierro mi sesión, guardo los logs y me despido del servidor, que hoy ha sobrevivido gracias a mí. Y mañana… mañana será otro día lleno de misterios.

Como dice el viejo refrán de DBA: «No hay problema en SQL Server que no pueda arreglarse con índices, backups y un buen café«.

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