¿Qué Halloween da miedo? Será para los que no han tenido que restaurar un backup en producción y estaba corrupto, con el jefe respirándoles en la nuca y un SLA expirando más rápido que el café enfriándose.
Los verdaderos horrores no salen en películas. Se ejecutan en nuestros servidores.
Si el año pasado nos pusimos nostálgicos para hablar del problema de Halloween original, hoy vamos a hablar de jobs fallidos, bloqueos eternos, desarrolladores con acceso a sysadmin, y scripts “probados en otro entorno”. Marrones que un DBA conoce muy bien. Marrones que no se borran con un ROLLBACK.
Definición técnica
MARRÓN (noun)
Término operativo usado en entornos técnicos para describir cualquier tarea, incidente o requerimiento que:
- No estaba prevista.
- Nadie quiere hacer.
- Tiene alta visibilidad y cero documentación.
- Requiere acción inmediata (generalmente ayer).
- Y suele implicar que el culpable eres tú, aunque no tengas ni idea de qué ha pasado.

Roles asociados:
- Enmarronador (BrownDispatcher): Individuo que asigna el marrón con una sonrisa, un café en la mano o un “esto es rápido”. Suele tener cargo, pero no responsabilidad.
- Enmarronado (Browned): Víctima del proceso de asignación. También conocido como “el de SQL” o “el que sabe”. No necesariamente tiene culpa, pero sí marrón.
- Buscamarrones (BrownFinder): Persona que se ofrece voluntaria “para aprender” o “echar una mano”. A menudo desaparece misteriosamente cuando el marrón explota.
- Comemarrones (BrownEater): DBA veterano que se ha comido tantos marrones que ya solo le quedan dos emociones: resignación y café.
Importante:
Una vez asignado, el marrón es de tu propiedad exclusiva. No importa si lo originó otro, si viene sin especificaciones o si “funcionaba en dev”. El sistema ha hablado. Eres el enmarronado.
El marrón flotante: la petición que no llega (pero llegará)
Es lunes y alguien menciona “tenemos que mirar lo del rendimiento del ERP” mientras tú estás con otras 40 cosas. Nadie lo documenta, nadie lo asigna, pero ya sabes lo que va a pasar. Lo oyes flotar.
Un día (viernes a última hora, seguro) alguien abre un ticket con prioridad alta y asunto ambiguo: “Problema con SQL”. Ni reproducible, ni claro. Y para cuando llega a ti, ya eres el responsable. Del ERP. Del rendimiento. De todo.
Este marrón huele a cursores usados alegremente por algún genio que ha leído un blog equivocado. Y te va a tocar explicarlo. Otra vez.
El marrón fulminante: el «¿qué ha pasado?» a las 8:00
Son las 7:58. Te conectas. Parece que todo está tranquilo. Hasta que alguien grita por Teams: “¡la base de datos está caída!”
Miras los logs. Alguien reinició el servicio de SQL Server durante la noche. ¿Motivo? “Estaba lento y pensé que eso lo arreglaría, luego el servicio no se paraba y reinicié el servidor”.
No sabemos qué ha pasado, solo tenemos aplicaciones paradas y usuarios locos por los pasillos.
Y tú, desayunando con una base de datos de 25 Tb en recuperación.
Este es el marrón que se instala sin pedir permiso. Lo único que puedes hacer es ponerte los guantes de forense, y rezar para que pase cuanto antes.
El automarrón: lo hiciste tú, y lo sabes
Hay veces que el marrón no viene de fuera. Te lo cocinas tú solito.
Aceptaste esa migración “sencilla” de SQL Server 2012 a 2022. Te dijeron que solo había que mover “un par de bases”. Ahora estás descubriendo jobs con código T-SQL del pleistoceno, linked servers a dominios que ya no existen, y stored procedures que funcionan por magia negra.
Y todo tiene que estar listo este fin de semana. Por supuesto.
Es el automarrón. Y el problema no es el marrón. Es tu optimismo que te llevó a no mirar dos veces.
El marrón pata negra: ese proyecto que recordarás siempre
Hay marrones, y luego está ese proyecto que te cambió la vida. El que te hizo cuestionarte tus decisiones vitales.
Un data warehouse mal diseñado que hay que “reoptimizar”. Con cientos de tablas de millones de registros sin índices, y vistas anidadas que ya tienen su propio ecosistema. Con consultas que tardan horas y desarrolladores que te juran que “antes iba rápido”.
Es el marrón pata negra. No se arregla. Se sobrevive. Y si logras salir de ahí, probablemente acabarás con un tic nervioso… y un máster en tuning sin quererlo.
El marrón de última hora: el clásico de viernes tarde
Viernes, 14:59. Recoges. Cierra sesión. Y entonces… “oye, una cosilla antes de que te vayas”.
Spoiler: no es una cosilla.
Es un cambio en producción. Un script que nadie ha revisado. Un MERGE que te juran que va bien “porque lo hemos probado en dev”. Unos índices que hay que “crear rapidito” porque el CTO ha leído en LinkedIn que eso mejora el rendimiento.
Y tú, con el abrigo puesto, ejecutando con miedo un script que viene de un Excel. Bienvenido al marrón invocado. No saldrás antes de las 21:00. Si sales.
El marrón mutante: el que cambia cada día
Te asignan un problema de rendimiento. Miras. Optimización sencilla. Pones un índice. Va mejor.
Pero luego cambia el plan de ejecución. Luego te enteras de que han cambiado el MAXDOP sin avisarte. Luego la tabla crece un 300% de un día para otro. Y el problema vuelve. Peor.
El marrón mutante nunca termina. Hoy es CPU, mañana IO, pasado bloqueos. Intentas aplicar parches, pero no hay final. Es como dar soporte a una base que se autodestruye a diario y se recompone… peor.
Vives en un entorno hostil.
El marrón sonda: el disfrazado de consulta inocente
“Una duda rápida sobre un procedimiento que tarda un poco…”
Error. Ya estás dentro.
Empieza como una duda. Luego te piden revisar el plan. Luego optimizar. Luego reescribir. Luego hacer un informe. Luego… estás haciendo tú todo.
Los marrones sonda son los peores porque son invisibles. Te atrapan por empatía. No porque puedas decir que no, sino porque ya estás en medio. Y claro, ya que estás…
El pressing brown: presión en estéreo
Cliente cabreado. Jefe nervioso. Equipo de desarrollo esperando. Todos preguntan. Todos presionan.
Y tú, el DBA, recibiendo por todos lados. Con logs, sin contexto, y con el “esto no puede estar fallando, si no hemos tocado nada” como único diagnóstico.
Es el pressing brown. Nadie lo admite, pero todos lo han hecho: tirar el marrón al de bases porque “seguro que es algo del SQL”.
Y a ti te toca arreglarlo. Sin información. Sin culpa. Sin gloria.
El brown shower: todo cae a la vez
Backup corrupto. Alerta de disco. AG desincronizada. Login bloqueado. Limpieza de datos que ha borrado datos de más (a quien se le ocurre poner las FK con borrado en cascada…). El entorno ha dicho basta. Y todo a la vez.
Eso no es un marrón. Es un brown shower.
Cuando pasa, no arreglas. Contienes. Priorizas, sobrevives, y rezas porque el clúster no decida reiniciarse. Y si alguien pregunta cómo va todo, solo di: “controlado”, mientras lloras por dentro.
Conclusión: el terror real se ejecuta en SQL
Que sí, que Halloween da miedo. Pero no tanto como ejecutar un DELETE sin WHERE en la base de producción, o que el backup del FULL no incluya las bases más críticas.
Nosotros no necesitamos sustos. Ya los trae el trabajo.
Y recuerda: si un jefe te dice “es una tarea rápida”, asegúrate de tener a mano tu última copia del CV actualizado. Y una linterna. Porque se viene noche larga.
Feliz Halloween, compañeros de marrones. Que los browners pasen de largo… o al menos os pillen con un buen plan de contingencia.


