Rendimiento

SORT_IN_TEMPDB: lo que de verdad hay que saber

Entre las opciones que nos ofrece SQL Server a la hora de crear o reconstruir un índice, SORT_IN_TEMPDB es una de esas que suele generar más dudas que certezas. A menudo la encontramos marcada (o desmarcada) en scripts heredados sin que nadie recuerde por qué se tomó esa decisión. Y claro, luego llegan las sorpresas: operaciones que fallan por falta de espacio, tiempos de reconstrucción eternos o índices más fragmentados que la agenda de un comercial. Hoy vamos a poner orden y explicar, con rigor y sin adornos innecesarios, qué hace realmente SORT_IN_TEMPDB, cuándo nos conviene usarlo y cuándo es mejor no tocarlo.

¿Qué es SORT_IN_TEMPDB y cuál es su propósito real?

Cuando creamos o reconstruimos un índice, SQL Server tiene que ordenar los datos para generar la estructura B-Tree. Este proceso de ordenación genera lo que se llaman sort runs, que son fragmentos intermedios de datos ya ordenados que se van almacenando en disco. Por defecto, esos sort runs se guardan en el mismo filegroup de destino del índice, lo que implica que el espacio temporal necesario para la ordenación y el espacio final del índice compiten en el mismo sitio.

Con SORT_IN_TEMPDB ON, lo que hacemos es indicarle al motor que esos sort runs se almacenen en tempdb, mientras que el índice final sigue creándose en el filegroup de destino. Esto no cambia el hecho de que el índice ocupe lo que tenga que ocupar; lo que cambia es dónde se consumen los recursos temporales durante la operación.

El objetivo de esta opción es optimizar el patrón de I/O: si tempdb está en discos diferentes al filegroup de destino, podemos lograr un acceso más secuencial y eficiente, con menos movimientos de cabezales (en discos mecánicos) o menos contención de I/O (en cualquier tipo de almacenamiento). El resultado: potencialmente menos tiempo de creación o reconstrucción del índice. Eso sí, el beneficio depende por completo de cómo tengamos configurado el entorno.

Espacio necesario: no es menos, es más (en el buen sentido)

Uno de los errores más extendidos es pensar que SORT_IN_TEMPDB reduce el espacio requerido para la operación. Nada más lejos de la realidad. Lo que hace es repartir el consumo de espacio entre tempdb y el destino del índice, pero el total de espacio consumido durante el proceso será mayor, porque estamos usando espacio en dos sitios al mismo tiempo.

Para ser claros:

Si SORT_IN_TEMPDB está en OFF (comportamiento por defecto), todo el espacio temporal y el índice final comparten el mismo filegroup. Los sort runs se van liberando conforme se procesan, y sus extents pueden ser reutilizados para el índice final, aunque esto suele provocar que los extents del índice queden menos contiguos.

Si SORT_IN_TEMPDB está en ON, necesitamos suficiente espacio en tempdb para los sort runs y suficiente espacio en el destino para el índice final. La ventaja es que los extents que se asignen al índice final estarán menos fragmentados, porque no se verán afectados por los extents que se van liberando de los sort runs.

Esto implica algo obvio pero que conviene recordar: si no hemos dimensionado tempdb con el espacio suficiente, la operación fallará. Lo mismo si el filegroup destino anda justo de espacio. Ni SORT_IN_TEMPDB ni ningún otro parámetro nos salvará de un error por falta de espacio.

Beneficios reales: cuándo SORT_IN_TEMPDB es útil

El principal beneficio de SORT_IN_TEMPDB es el patrón de I/O más eficiente durante la creación o reconstrucción del índice. Al separar las lecturas de los datos base, las escrituras de los sort runs y las escrituras del índice final en diferentes volúmenes (idealmente), conseguimos que el motor trabaje de forma más ordenada. En discos mecánicos esto significa menos saltos de cabezales; en SSDs o cabinas de almacenamiento, menos contención de I/O.

Además, como hemos comentado antes, usar SORT_IN_TEMPDB mejora la probabilidad de que los extents del índice final sean contiguos, lo que se traduce en un índice más compacto y eficiente en el acceso posterior. Esto es especialmente útil cuando creamos índices grandes, donde la fragmentación inicial puede tener un impacto notable en el rendimiento de las consultas.

Eso sí, el beneficio se da cuando tempdb está en un storage diferente, rápido y bien dimensionado. Si tempdb comparte disco con el resto de bases de datos, o está en un volumen saturado, no sólo no veremos ventaja alguna, sino que podemos incluso empeorar la situación al sumar más carga a un único punto de fallo.

Impacto de SORT_IN_TEMPDB en operaciones online y con columnas LOB

Cuando combinamos SORT_IN_TEMPDB con operaciones online (ONLINE = ON), el consumo de espacio temporal en tempdb puede ser significativo, especialmente si el índice incluye columnas LOB o tenemos activada la opción de compactación de LOB. Aquí el riesgo de quedarnos sin espacio en tempdb es real y hay que tenerlo muy en cuenta. No es raro ver operaciones online que fallan a mitad de proceso por no haber calculado bien este detalle.

Por tanto, si vamos a combinar SORT_IN_TEMPDB con ONLINE, más nos vale monitorizar tempdb y asegurarnos de que tenemos espacio suficiente antes de lanzar el proceso. Y si además lo vamos a hacer en un entorno con mucha carga concurrente, tocará vigilar muy de cerca el uso de I/O y espacio.

Consideraciones finales y buenas prácticas

SORT_IN_TEMPDB es una herramienta muy útil en el arsenal de mantenimiento de índices, pero no es un interruptor mágico que podamos activar sin pensar. Antes de decidir su uso, hay que valorar:

¿Tenemos tempdb en un storage separado y rápido? ¿Hay suficiente espacio disponible en tempdb y en el destino del índice? ¿El índice es lo bastante grande como para que el beneficio compense?

En bases de datos pequeñas o medianas, o en entornos donde tempdb no está optimizado, probablemente no veamos ninguna diferencia perceptible. En cambio, en bases de datos grandes con índices voluminosos y tempdb bien dimensionado, el uso de SORT_IN_TEMPDB puede marcar la diferencia en el tiempo de ejecución y en la calidad del índice generado.

Ah, y no olvidemos un detalle que no por obvio deja de ser importante: SORT_IN_TEMPDB sólo afecta a la operación actual. No hay metadatos que recuerden que un índice se creó o reconstruyó con esta opción. Así que, si queremos un comportamiento consistente, tendremos que especificarlo en cada script donde lo consideremos necesario.

Conclusión

SORT_IN_TEMPDB no es un adorno exótico ni un parámetro para marcar por inercia. Es una opción que, bien usada, nos ayuda a crear y mantener índices más eficientes, más compactos y, potencialmente, más rápido. Pero como todo en SQL Server, depende de que el entorno esté preparado para soportarlo. Porque al final, lo que importa no es el checkbox que marquemos, sino que el índice se construya bien y el servidor no acabe temblando tras la operación. Y eso, amigos, sólo se consigue con planificación, conocimiento y un tempdb en condiciones.

Espero que este artículo te haya resultado útil e interesante. Si tienes alguna duda o comentario, no dudes en contactarnos en Twitter o por mail o dejarnos un mensaje en los comentarios de aquí abajo. Y recuerda que también tenemos un grupo de LinkedIn al que te puedes unir.

Publicado por Roberto Carrancio en Cloud, Índices, Rendimiento, SQL Server, 0 comentarios

¿Es PLE un buen indicador de rendimiento de SQL Server?

Durante años, el Page Life Expectancy (PLE) ha sido una de esas métricas que aparecen en los scripts de monitorización como si fueran mantras sagrados. Una de esas columnas que se miran con recelo, que hacen saltar alertas y que, para algunos, justifican peticiones de más memoria RAM con la ligereza con la que se pide café. Pero como todo en SQL Server, nada es tan sencillo como parece y el PLE, aunque útil, tiene trampa.

¿Qué demonios es el PLE?

El PLE representa cuántos segundos, de media, una página de datos puede permanecer en el buffer pool antes de ser desalojada. Es decir, mide cuánto tiempo vive la información en memoria antes de que SQL Server tenga que expulsarla para hacer sitio a otra. Técnicamente, es un contador de rendimiento (sys.dm_os_performance_counters) que se encuentra dentro de Buffer Manager.

Cuando este valor es alto, respiramos tranquilos: significa que las páginas permanecen en memoria lo suficiente, probablemente porque tenemos un buffer pool holgado y un acceso a disco relajado. Cuando cae en picado, suele ser síntoma de presión de memoria o de lecturas físicas excesivas, muchas veces provocadas por planes de ejecución poco afortunados.

Ahora bien, el número mágico de 300 segundos (5 minutos) que algunos siguen usando como umbral es tan fiable como usar una brújula en mitad de un campo magnético. Ese valor tenía sentido… cuando los servidores venían con 4 GB de RAM. Hoy, con instancias que superan los 512 GB, seguir usando el mismo umbral es como usar una regla de colegio para medir una autopista.

Valores PLE deseables: ¿hay alguno?

Aquí viene la gran pregunta que a su vez es el gran problema del PLE: su valor es absolutamente relativo. Depende del tamaño del buffer pool, del patrón de carga de trabajo, de los tipos de queries que se estén ejecutando, y de si el sistema ha tenido un pico puntual de actividad.

Una instancia con 256 GB de RAM debería tener un PLE mucho más alto que una con 16 GB. ¿Cuánto más? No hay una cifra mágica, pero una orientación razonable sería multiplicar los segundos base (300 en los viejos tiempos) por un factor en relación al tamaño del buffer pool. O mejor aún, establecer una línea base propia de nuestra carga habitual y monitorizar desviaciones.

Porque eso es lo que importa: no tanto si el PLE es 2.000 o 20.000, sino si ha caído bruscamente respecto a lo normal. Un descenso repentino suele estar vinculado a algo que no encaja: una query que hace lecturas absurdas, un mantenimiento mal planteado, o simplemente un usuario que ha decidido escanear toda la tabla de movimientos de 200 millones de registros “por si acaso”.

El PLE no es una medida mágica

Muchos lo tratan como si fuera el santo grial de la salud del servidor, pero en realidad el PLE no mide nada en términos de experiencia de usuario. Es un indicador indirecto de presión de memoria, no una medida de rendimiento ni de latencia. Puede estar alto mientras el sistema responde lento, o estar bajo y aun así tener una experiencia fluida si las queries están bien cacheadas.

Además, el PLE es un promedio a nivel de NUMA node, lo que significa que puede estar sesgado si tenemos un servidor con múltiples nodos y la presión se concentra solo en uno de ellos. SQL Server calcula un PLE por cada nodo NUMA, pero los scripts que aglutinan el valor total no siempre lo desglosan correctamente. De ahí que convenga analizarlo por nodo para tener una visión clara.

Y por si fuera poco, el PLE se resetea con cada reinicio de la instancia. Así que no, si ves un valor bajo justo después de un restart, no es el fin del mundo: es simplemente lo que hay.

Detractores: con razón, no por moda

Los que critican el PLE no lo hacen por capricho. Lo hacen porque, en muchos entornos, mirar el PLE sin contexto lleva a diagnósticos erróneos y decisiones equivocadas. Se han visto DBAs pidiendo 128 GB de RAM más “porque el PLE está bajo”, sin pararse a mirar que el problema era una consulta sin WHERE que se colaba a producción cada viernes a las 15:00.

El PLE tampoco distingue entre lecturas necesarias y lecturas absurdas. Si haces un SELECT * de una tabla de logs históricos porque alguien quiere exportarla a Excel “por si acaso”, el PLE caerá en picado igual que si tuvieras una mala estrategia de índices. Así que usarlo como medida absoluta de salud es, como poco, ingenuo.

Alternativas: mirar más allá del PLE

Si queremos una visión más rica, hay vida más allá del PLE. Podemos observar métricas como el Buffer Cache Hit Ratio, aunque también con cautela, porque este valor suele estar cerca del 100% en casi todas las instancias modernas y no siempre significa lo que creemos. Lo que realmente nos interesa es entender qué queries están provocando lecturas físicas excesivas.

Aquí entra en juego la DMV sys.dm_exec_query_stats, que combinado con sys.dm_exec_sql_text y sys.dm_exec_query_plan, nos puede dar visibilidad sobre qué consultas están provocando lecturas físicas o lógicas desproporcionadas. También podemos revisar el sys.dm_io_virtual_file_stats para analizar el I/O por base de datos y archivo. 

Y si lo que nos interesa es el uso de memoria, el sys.dm_os_memory_clerks y el sys.dm_os_buffer_descriptors ofrecen información mucho más granular sobre cómo SQL Server está usando realmente la RAM.

Además, a partir de SQL server 2025 tendremos la nueva DMV sys.dm_os_memory_health_history pero eso da para otro artículo.

En resumen: el PLE puede servirnos como un primer vistazo, como ese canario en la mina que nos avisa de que algo pasa. Pero confiar ciegamente en él es como juzgar un libro por el grosor del lomo.

Monitorizar el PLE: ¿sí o no?

Entonces, ¿monitorizamos el PLE o no? Esta es una de esas preguntas que genera debates infinitos y respuestas del tipo “depende”. Yo voy a ser neutral, no voy a entrar en la trinchera de los que lo consideran inútil ni en la de los que lo elevan al nivel de oráculo. Lo que sí diré es que monitorizar el PLE puede tener sentido si sabemos lo que estamos mirando y no nos dejamos llevar por interpretaciones simplistas.

Si tenemos una línea base sólida, si entendemos la arquitectura NUMA de nuestra instancia y si usamos el PLE como un indicador más dentro de un conjunto más amplio de métricas, entonces puede ser útil. Pero si lo usamos como termómetro único del rendimiento, vamos a acabar medicando al paciente por fiebre sin saber que tiene apendicitis.

Conclusión

El Page Life Expectancy no está muerto, pero tampoco es un mesías. Es una métrica con contexto, con historia y con limitaciones. Sirve para levantar sospechas, no para dictar sentencias. Hay que leerlo con ojo clínico, entender lo que implica y, sobre todo, combinarlo con otras métricas más modernas y más específicas.

Como siempre, no hay atajos. Lo que hay es análisis, observación y un poco de sentido común. Que no es mucho pedir… salvo que creas que SELECT * sigue siendo buena idea.

Si tenéis alguna duda o sugerencia, podéis dejarla en Twitter, por mail o dejarnos un mensaje en los comentarios. Y recuerda que también tenemos un grupo de Telegram y un canal de YouTube a los que te puede unir. ¡Hasta la próxima!

Publicado por Roberto Carrancio en Cloud, Rendimiento, SQL Server, 0 comentarios

CPU NUMA: Cuando el procesador también tiene barrios

Hay palabras que, al oírlas, nos ponen en guardia. “NUMA” es una de ellas. No porque suene peligrosa, sino porque suele venir envuelta en conceptos vagos y soluciones mágicas a problemas que no entendemos del todo. Pero no nos engañemos: si administramos SQL Server sobre hardware serio (y no sobre portátiles reciclados con Docker “porque mola”), entender cómo se comporta la arquitectura NUMA no es opcional. Es imprescindible.

¿Qué es NUMA? Una ciudad con barrios.

NUMA (Non-Uniform Memory Access) es una arquitectura de memoria en la que cada CPU (o grupo de CPUs) tiene acceso preferente a un bloque de memoria. A este conjunto se le llama nodo NUMA. Sí, se puede acceder a la memoria de otros nodos, pero es más lento. Y en un mundo donde las latencias de microsegundos importan más que los deadlines de los Project Managers, eso no es un detalle menor.

Puede parecer lioso pero vamos a verlo en una imagen para que no haya dudas. Realmente todo esto no es algo abstracto, viene directamente definido a nivel hardware. Las placas base de los servidores tienen varios socket de procesadores y, cada uno de ellos, tiene unos slots de RAM más cercanos a los que accede con menor latencia.

Aquí, por ejemplo, vemos dos sockets físicos, cada uno con 8 núcleos y 128 GB de RAM. Cada socket está conectado a su propia porción de memoria. Esto es lo que llamamos una arquitectura NUMA: cada CPU accede más rápido a su “propia” memoria que a la del otro socket. Y sí, como os decía, un procesador puede acceder a la memoria del otro, pero con más latencia. Cómo cruzar la ciudad para ir al mercadona de otro barrio teniendo uno en el tuyo, se puede, pero no es lo ideal.

SQL Server es plenamente NUMA-aware desde hace muchas versiones. Y no es solo marketing. El motor entiende esta arquitectura y la usa para optimizar la asignación de memoria, la ejecución de tareas en paralelo y la gestión de schedulers. Todo esto siempre y cuando no le pongamos la zancadilla con configuraciones absurdas.

Planificación y schedulers: cómo SQL Server reparte el trabajo

Cada nodo NUMA tiene un conjunto de schedulers, que no son otra cosa que planificadores de hilos (threads). Para ser lo más eficiente posible, SQL Server intenta ejecutar los hilos en el mismo nodo donde se asignaron, y acceder a la memoria local del mismo. Si la información está bien distribuida, esto reduce el tráfico entre nodos y mejora la latencia general. Pero si metemos la pata, por ejemplo fijando la afinidad de forma manual y sin criterio, podemos forzar al motor a comportarse como un repartidor de pizzas desorientado: yendo de un barrio a otro sin sentido y perdiendo tiempo en cada esquina.

Además, cada instancia de SQL Server crea un grupo de trabajo por cada nodo NUMA visible. Y si usamos el modo de memoria comprimida, las decisiones de qué nodo usa qué buffer pool se vuelven aún más relevantes. Ignorar esto es como jugar al ajedrez sin mirar el tablero. Puede parecer divertido, pero termina mal.

El efecto de un mal diseño NUMA

Cuando un servidor tiene múltiples sockets físicos, es muy probable que cada socket represente un nodo NUMA. Pero algunos sistemas operativos y BIOS permiten desactivar o modificar esta topología. Resultado: servidores con 256 núcleos que se ven como un único nodo NUMA. ¿Y eso qué implica? Pues, para empezar, que SQL Server no puede distribuir sus schedulers de forma eficiente. El escalado se resiente, la contención de recursos aumenta y las consultas paralelas empiezan a hacer cosas raras.

¿Has visto alguna vez una consulta que parece ir más lenta cuanto más CPUs tiene disponibles? Bienvenido al infierno del mal NUMA. Y sí, hay admins que creen que poner más CPUs siempre mejora el rendimiento. También hay quien piensa que una tabla de log no necesita índices. Vivir para ver.

Las virtualizaciones y sus trampas con NUMA

Ah, la virtualización. Ese mundo donde puedes tener 64 vCPU repartidas en 2 nodos NUMA virtuales y no saber por qué tu SQL Server tiene el rendimiento de un 486 con resaca. Los hipervisores serios (como VMware, Hyper-V o, incluso, Proxmox) permiten configurar el número de nodos NUMA expuestos a la máquina virtual. Pero si dejas esto en manos de un “especialista” que nunca ha leído una página del “whitepaper de arquitectura NUMA en SQL Server” (sí, no solo existe, cada fabricante tiene uno propio), lo normal es que termines con un entorno virtualizado más caótico que una tabla sin clave primaria.

Por eso, cuando trabajamos con entornos virtualizados, conviene revisar cuidadosamente cómo están asignados los núcleos físicos, cuántos nodos NUMA ve la VM y cómo se está presentando la memoria. SQL Server lo detectará, pero no puede arreglar por sí solo una chapuza.

¿Y qué hay del NUMA en SQL Server en Azure?

Pues aquí el tema se vuelve más oscuro. Microsoft no publica (con detalle) la topología NUMA exacta de sus VMs, pero en general puedes asumir que, en las series más potentes, hay más de un nodo. Las VMs con más de 16 vCPU casi siempre están divididas en al menos dos nodos NUMA virtuales. ¿Cómo lo comprobamos? Ejecutando SELECT * FROM sys.dm_os_nodes y observando el campo memory_node_id. Si ves más de un nodo con memory_node_id distinto de 64 (el de DAC), estás en terreno NUMA.

Por tanto, cuando afinamos instancias en Azure, conviene monitorizar la distribución de la carga entre nodos. A veces, ciertas consultas intensivas pueden estar trabajando siempre sobre el mismo nodo, provocando un cuello de botella local mientras el resto del servidor está de paseo.

Configuraciones de NUMA recomendadas

Si el servidor tiene una topología NUMA bien definida, lo mejor que podemos hacer es dejar que SQL Server gestione sus schedulers y memoria. No toques la afinidad de CPU salvo que tengas un motivo muy claro. Y por favor, no uses MAXDOP sin entender cómo afecta a los nodos. Un mal MAXDOP puede anular por completo los beneficios de NUMA, provocando saltos de memoria y escalado ineficiente.

También hay que considerar Resource Governor, que puede fijar workloads a ciertos nodos, o las nuevas opciones de Soft-NUMA (a partir de SQL Server 2016), útiles cuando el hardware ofrece más núcleos por nodo de los que SQL Server gestiona de forma eficiente por defecto.

Y si alguien propone usar lock pages in memory sin revisar la topología NUMA antes, haceos un favor: quitadle los permisos.

Conclusión

NUMA no es un problema. Es una característica muy potente. Pero como toda característica avanzada, si no la entendemos puede convertirse en un dolor de cabeza. En entornos de producción con alta carga, especialmente con muchos núcleos y grandes volúmenes de memoria, ignorar NUMA es como hacer tuning con los ojos vendados.

La solución no es complicarse la vida configurando todo a mano sin necesidad, sino entender cómo se comporta SQL Server en nuestro entorno y dejar que optimice… siempre que el terreno no esté lleno de minas.

No lo digo yo, lo dice la ciencia.

Espero que este artículo te haya resultado útil e interesante. Si tienes alguna duda o comentario, no dudes en contactarnos en Twitter o por mail o dejarnos un mensaje en los comentarios de aquí abajo. Y recuerda que también tenemos un grupo de LinkedIn al que te puedes unir.

Publicado por Roberto Carrancio en Cloud, Rendimiento, SQL Server, 0 comentarios

¿Por qué los linked server rinden tan mal?

Pocas tecnologías han generado tanto rechazo silencioso como los linked servers en SQL Server. Todos los hemos usado alguna vez. Algunos hasta han intentado montar arquitecturas enteras con ellos, como si fueran túneles mágicos entre bases de datos. Y al principio todo parece funcionar… hasta que dejas de hacer pruebas con tablas de 100 filas y llega la realidad con sus millones. Entonces empieza el verdadero drama.

Hoy vamos a entrar al barro y a entender por qué los linked servers rinden tan mal, qué está pasando por debajo y qué alternativas tenemos cuando necesitamos algo que se parezca a un acceso remoto entre instancias. Pero, antes de abrir el quirófano y diseccionar por qué rinden tan mal, conviene repasar qué son exactamente.

¿Qué es un linked server?

Un linked server es una funcionalidad de SQL Server que nos permite acceder a datos almacenados en otro origen, como si fuera parte de nuestra propia instancia. Ese origen puede ser otra instancia de SQL Server, una base de datos Oracle, un Excel, un archivo Access o cualquier cosa que tenga un proveedor OLE DB compatible. Básicamente, nos permite ejecutar consultas distribuidas, mezclando datos de aquí y de allá, sin necesidad de ETL ni procesos intermedios.

Desde el punto de vista del T-SQL, un linked server actúa como un alias remoto: podemos hacer SELECT o incluso INSERT, UPDATE y DELETE sobre objetos que realmente viven en otro servidor. Todo a través de una conexión que, en apariencia, es transparente. Y aquí está el engaño.

Porque aunque la sintaxis parezca sencilla y todo pinte bien en la teoría, por debajo SQL Server tiene que hacer auténticas acrobacias para que eso funcione. Y, como veremos, muchas veces no lo consigue sin romperse una pierna por el camino.

Linked Server o lo que parece una buena idea en realidad es una trampa

El concepto es tentador. Con un linked server podemos conectarnos desde una instancia de SQL Server a otra, e incluso a otros motores de base de datos, como si todo estuviera en la misma base. Basta con un SELECT * FROM [ServidorRemoto].[Base].[Esquema].[Tabla] y listo. Bonito, directo, sin middleware.

Claro, si obviamos que la consulta puede tardar más que una auditoría fiscal y que la mitad de las optimizaciones que teníamos en mente se van por el desagüe.

El optimizador no es adivino

Uno de los mayores problemas de rendimiento viene de cómo SQL Server construye el plan de ejecución cuando hay un linked server de por medio. El optimizador necesita estadísticas para tomar decisiones inteligentes, pero cuando apuntamos a un servidor remoto, las estadísticas simplemente no están ahí. SQL Server no sabe cuántas filas hay, ni cuán selectiva es una condición, ni si merece la pena hacer un join remoto o traerse toda la tabla localmente.

¿Y qué hace cuando no sabe? Apuesta. Y como buen jugador conservador, apuesta mal.

Acaba generando planes de ejecución mediocres, que podrían parecer aceptables en una tabla de juguete, pero que se vuelven un desastre cuando la tabla tiene un volumen real. ¿El resultado? Lecturas innecesarias, joins ejecutados en el servidor equivocado y un tráfico de red digno de una transferencia de backups.

Linked Server PUSH vs PULL

Otro elemento clave es cómo SQL Server decide si “empuja” partes de la consulta al servidor remoto (lo que se conoce como pushing de consultas) o si tira de los datos hacia el local (pulling). Idealmente, querríamos que SQL Server enviase una subconsulta bien formada al servidor remoto, para que allí se ejecute lo que tiene sentido y solo nos devuelva lo necesario. Algo así como el plegado de consultas de Power BI.

Pero no. Muchas veces SQL Server prefiere traerse toda la tabla (sí, toda) al servidor local, y luego aplicar filtros, joins o agregaciones. Porque eso de optimizar entre servidores diferentes le cuesta. Y mucho.

Si alguna vez has hecho un SELECT COUNT(*) contra un linked server y has notado que tarda minutos en devolver un número, ya sabes por qué: se está trayendo todas las filas. A pelo.

El drama del Linked Server Provider

Detrás de cada linked server hay un proveedor OLE DB. Y no todos son iguales. Algunos soportan operaciones remotas de forma más o menos decente. Otros se comportan como si los hubiera programado un becario en prácticas en 1998.

Por ejemplo, el proveedor nativo de SQL Server a SQL Server (SQLNCLI o MSOLEDBSQL) tiene ciertas optimizaciones, pero ni con esas nos salva del todo. Ahora bien, si conectamos a Oracle, MySQL o, que no tengáis que sufrirlo, Access, el comportamiento puede ser completamente errático. Y la culpa, en parte, es del proveedor.

Si el proveedor no soporta pasar consultas completas o no permite ciertas operaciones, SQL Server lo suple como puede: trayendo filas, aplicando funciones en local, y rezando para que la red no esté saturada.

Transacciones distribuidas: el infierno del Linked Server

Si a alguien se te ocurre la brillante idea de meter una transacción que toque un linked server, prepárate. Entramos en terreno de las transacciones distribuidas, y con ello en el mundo de MSDTC (Microsoft Distributed Transaction Coordinator), uno de los servicios más temperamentales de Windows.

¿Funciona? A veces. ¿Es rápido? Ni de lejos. ¿Es seguro? Mejor no responder. Configurar MSDTC entre servidores, sobre todo en entornos con firewalls o clusters, es un vía crucis. Y aunque consigas que funcione, el rendimiento se desploma por la sobrecarga que supone coordinar commit y rollback entre servidores.

JOINs remotos: lo peor que puedes hacer por un Linked Server

Uno de los errores más frecuentes (y más costosos) es hacer joins entre una tabla local y otra remota. En muchos casos, SQL Server se trae la tabla entera del servidor remoto al local y luego hace el join. Si la tabla remota tiene 10 millones de filas y solo necesitábamos 5, mala suerte. Ya es tarde.

El problema se agrava si el join es sobre columnas sin índices en el remoto, o si las condiciones están ocultas tras funciones (como CAST, CONVERT o UPPER). SQL Server no es capaz de generar una consulta remota eficiente y recurre al “me lo traigo todo y ya lo filtro aquí”. Un plan perfecto si tienes acciones del proveedor de ancho de banda.

¿Hay alguna solución?

Sí, pero no mágica. La primera es no usar linked servers para consultas complejas o de alto volumen. Son útiles para tareas administrativas, sincronizaciones puntuales o lecturas ligeras. Pero si necesitas integrar datos entre sistemas, mejor piensa en otras alternativas.

Replicación, ETL, servicios web o incluso bases de datos distribuidas con lógica de federación (sí, esas cosas raras de Azure SQL) pueden ser opciones más razonables. También puedes optar por staging: traer datos relevantes a una tabla temporal o staging local antes de hacer las operaciones serias.

Otra alternativa, cuando no hay más remedio, es escribir consultas distribuidas con OPENQUERY. Esto obliga a que la consulta se ejecute remotamente, evitando que SQL Server decida hacer el pull de datos. No es bonito, pero al menos sabes lo que estás haciendo.

Y, por supuesto, nunca, nunca asumas que lo que funcionó en desarrollo (con 1.000 filas) escalará igual en producción (con 100 millones). No con linked servers. No hoy. No nunca.

Conclusión

Los linked servers tienen su lugar, pero no es en el rendimiento. Son una herramienta más, no la solución universal. Cuando los usamos sin entender sus limitaciones, el castigo no tarda en llegar. Lo hemos visto demasiadas veces: servidores que colapsan, redes saturadas, y consultas que mueren de inanición esperando datos que jamás deberían haber salido del servidor remoto.

¿Se pueden usar? Claro. Pero como todo en SQL Server, con cabeza, y sabiendo que a veces es mejor copiar datos que pretendiendo unir mundos que no están hechos para unirse en tiempo real.

Porque sí, puedes hacer joins entre servidores remotos, pero también puedes correr descalzo por un campo de cactus y ninguna de las dos opciones es recomendable

Si tenéis alguna duda o sugerencia, podéis dejarla en Twitter, por mail o dejarnos un mensaje en los comentarios. Y recuerda que también tenemos un grupo de Telegram y un canal de YouTube a los que te puede unir. ¡Hasta la próxima!

Publicado por Roberto Carrancio en Cloud, Rendimiento, SQL Server, 0 comentarios

Azure Arc para SQL Server

Desde hace años, en cada evento, webinar o presentación de infraestructura de Microsoft se repite como un mantra: el futuro es híbrido. Y aunque muchos se limitan a asentir mientras piensan en cómo sobrevivir al próximo reinicio inesperado del servidor de producción, lo cierto es que algo de razón tienen. Especialmente cuando aparece una herramienta que, por una vez, parece estar pensada para los que aún tenemos servidores físicos, clústeres que no caben en una suscripción y dolores de cabeza por políticas de compliance que cambian más que los nombres de productos en Microsoft. Hablemos claro: Azure Arc para SQL Server on-premises no es la panacea, pero sí un paso sensato hacia un control centralizado sin obligarnos a renunciar al datacenter de toda la vida.

¿Qué demonios es Azure Arc (y por qué debería importarnos)?

Empecemos por el principio, ¿qué es Azure Arc? En resumen es la forma en que Microsoft intenta convencernos de que Azure no es solo «la nube», sino «la plataforma de gestión» para todos nuestros recursos, estén donde estén. Y eso incluye nuestros SQL Server instalados con sudor y lágrimas en máquinas físicas, clústeres locales o VM que jamás verán una IP pública.

Azure Arc extiende la gestión de Azure a recursos externos como servidores, Kubernetes, y por supuesto, SQL Server. Pero aquí viene la parte jugosa: Azure Arc para SQL Server no instala una nueva base de datos ni te obliga a migrar nada. Lo que hace es registrar tu instancia on-premises en Azure, otorgándole una especie de identidad en el portal.

Una vez enlazada, puedes aplicar políticas, ver inventario, tener visibilidad de cumplimiento de licencias (sí, esa parte duele), activar extensiones como Defender for SQL o habilitar seguimiento de seguridad desde el Azure Security Center. Todo sin tocar la base de datos. Bueno, casi.

Cómo funciona realmente Azure Arc (no la versión edulcorada del marketing)

Cuando conectamos una instancia de SQL Server a Azure Arc, lo que instalamos es un agente: el Azure Connected Machine Agent, junto con una extensión específica para SQL. Este agente se comunica con Azure a través de HTTPS, informa de configuraciones, recopila datos de diagnóstico y permite acciones remotas de configuración.

Para que funcione, necesitas tener SQL Server 2012 o superior, y una conexión de red desde el servidor hacia Internet (no hace falta conexión entrante, lo cual es un alivio). Lo ideal es tener SQL autenticado con Active Directory para poder controlar mejor el acceso, pero se puede hacer también con SQL Auth si quieres vivir al límite.

Una vez conectado, la instancia aparece en el portal de Azure como un recurso más. Desde ahí podemos aplicar políticas, revisar vulnerabilidades de seguridad, controlar el uso de features según la edición (lo cual es útil para evitar sorpresas desagradables con licencias), monitorizar comportamiento con Azure Monitor o, incluso, balancear nuestro Always On. Todo ello sin abrir el Management Studio… aunque claro, a veces sigue siendo necesario.

Casos reales donde Azure Arc tiene sentido (y donde no)

Supongamos que gestionamos un parque de 40 servidores SQL distribuidos entre varios centros de datos. Algunos son máquinas virtuales, otros físicos con clústeres Always On que llevan más tiempo activos que algunos desarrolladores del equipo. Sin Azure Arc, revisar políticas, aplicar auditorías o simplemente saber qué versión exacta está instalada en cada nodo puede convertirse en una gymkhana de RDPs.

Con Azure Arc, podemos tener una visión centralizada de todas las instancias, aplicar políticas uniformes, activar auditorías y obtener insights de seguridad con Defender sin tener que desplegar scripts o agentes por separado. Además, podemos detectar desviaciones de configuración o uso de features que podrían tener impacto en licencias.

Pero no todo es oro. Azure Arc no es una herramienta de administración del motor de SQL. No vas a hacer restores desde el portal ni crear índices con drag & drop. Tampoco es un sustituto de tus herramientas de backup, ni tiene visibilidad real sobre el rendimiento más allá de lo que Azure Monitor pueda recoger (que no es poco, pero tampoco es SentryOne).

Y lo más importante: si no tienes una estrategia clara de seguridad, gestión de red y control de agentes, puedes acabar con más puntos de fallo que beneficios. Porque, no nos olvidemos, instalar agentes y abrir tráfico a Internet en servidores productivos sin pensar en segmentación ni proxies es una receta para el desastre.

El control de licencias en Azure ARC: la parte que nadie quiere mirar

Una de las funcionalidades más interesantes (y más ignoradas) de Azure Arc para SQL Server es el control de licencias. Cuando registramos una instancia, podemos indicar si está licenciada por núcleo o por servidor + CAL. Esto, combinado con el escaneo de features activas, nos permite detectar incoherencias: como esa instancia Standard Edition que «accidentalmente» tiene particionamiento activo (Si, cuando el particionamiento era exclusivo de Enterprise en SQL 2012 esto se podía conseguir). Este control es especialmente útil en entornos con auditorías frecuentes o donde se aplican acuerdos Enterprise Agreement.

¿Y la seguridad? ¿Me estoy exponiendo a algo?

Buena pregunta. Azure Arc requiere ciertos permisos en el servidor, y abre un canal de comunicación constante con Azure. Esto plantea varias consideraciones. Primero, necesitas validar que el tráfico esté cifrado, que el agente esté actualizado, y que el acceso al servidor esté controlado. Segundo, si vas a permitir que ciertas acciones se realicen desde el portal (como cambiar configuraciones o aplicar actualizaciones), más vale que tengas RBAC bien definido en Azure.

La buena noticia es que puedes integrar todo con Azure Policy, Defender, y Log Analytics. La mala es que si no lo haces bien, estarás delegando más poder del que quieres. Y ya sabemos cómo acaba eso.
Azure Arc es gratis… hasta que abres Log Analytics

Una de las verdades menos comentadas de Azure Arc es que registrar tu instancia de SQL Server no cuesta nada. Literalmente: añadir un servidor, instalar el agente de Connected Machine y habilitar la extensión de SQL puede hacerse sin pasar por caja. Microsoft lo promueve como “coste cero” porque, en efecto, el recurso en sí no genera facturación directa.

Pero, siempre hay un pero, en cuanto queremos algo más que ver el nombre del servidor en el portal, empezamos a tirar de servicios que sí cuestan dinero. El más obvio es Log Analytics, que es el backend de todo lo que huela a monitorización seria en Azure. Activar monitorización de rendimiento, auditoría, logs extendidos, o integrar con Defender for SQL pasa irremediablemente por conectar a Log Analytics.

Y aquí viene el truco de magia inverso: el volumen de datos ingeridos, el tipo de consultas (KQL, por supuesto), y el tiempo de retención, todo suma en la factura. No es que Log Analytics sea especialmente caro, pero si estás monitorizando muchas instancias, con métricas detalladas y sin control de retención, la broma puede escalar.

Para tenerlo claro, Azure Arc proporciona el marco, pero no la observabilidad avanzada. Esa vive en Log Analytics, que sí factura. Y lo hace por cada giga ingerido. Si además activas Defender, tienes otro coste adicional por nodo protegido.

¿Merece la pena? 

Esta es la pregunta clave que debes hacerte, si tu entorno tiene requisitos serios de auditoría, cumplimiento, o simplemente quieres centralizar trazabilidad sin herramientas externas, probablemente sí. Pero conviene dimensionarlo bien, ajustar las retenciones, y entender qué datos necesitas realmente antes de abrir el grifo

Este modelo freemium no es nuevo, pero conviene recordarlo: Azure Arc para SQL Server es gratis solo si lo usas como un cartel informativo. Si quieres que hable, escuches y analices, tendrás que pasar por caja.

Conclusión

Azure Arc para SQL Server on-premises es una de esas herramientas que, bien usada, puede marcar una diferencia seria en entornos complejos. Centralizar visibilidad, aplicar políticas, y tener un inventario completo con insights de seguridad no es poca cosa. Pero, como siempre, depende de cómo se implemente.

Si ya tienes una infraestructura ordenada, con buenas prácticas de seguridad, y buscas unificar la gestión sin perder el control, Arc es una opción potente. Si tu entorno es un castillo de naipes sostenido por scripts heredados y manuales en PDF de 2009, lo mejor es empezar por ahí antes de añadir más complejidad.

Porque sí, el futuro puede ser híbrido. Pero nosotros queremos que lo sea con cabeza, no con más capas de problemas. Azure Arc no es magia, pero tampoco es humo. Y eso, hoy en día, ya es mucho decir.

Si tenéis alguna duda o sugerencia, podéis dejarla en Twitter, por mail o dejarnos un mensaje en los comentarios. Y recuerda que también tenemos un grupo de Telegram y un canal de YouTube a los que te puede unir. ¡Hasta la próxima! 

Publicado por Roberto Carrancio en Cloud, SQL Server, 0 comentarios

¿Qué es CLR y por qué deberías limitar su uso?

Hay tecnologías en SQL Server que parecen diseñadas por y para gente que odia SQL. Una de ellas es CLR (Common Language Runtime). Si alguna vez has pensado “¿y si meto C# dentro de una base de datos?”, enhorabuena: acabas de invocar al diablo del rendimiento. Pero, como todo en este mundo, si se usa con criterio y sentido común (sí, eso que tan poca gente aplica), puede aportar soluciones que de otro modo serían infernales de implementar en T-SQL.

¿Qué demonios es CLR y por qué está dentro de SQL Server?

CLR es un motor de ejecución de .NET. Desde SQL Server 2005 tenemos la opción de crear procedimientos almacenados, funciones, triggers y tipos definidos por el usuario usando lenguajes .NET como C# o VB.NET. Esto permite extender la funcionalidad de T-SQL cuando éste se queda corto. Y sí, hay que reconocerlo, T-SQL se queda corto en ciertas áreas, como el procesamiento intensivo de texto, operaciones matemáticas complejas o manipulación avanzada de estructuras de datos.

Ahora bien, que algo se pueda hacer no significa que deba hacerse. De hecho, habilitar CLR en una instancia es como abrir una puerta lateral en un castillo: puede estar bien si sabes quién entra y sale, pero si la dejas abierta, prepárate para las sorpresas.

Activar CLR: el primer pecado

Por defecto, CLR viene deshabilitado. Hay que habilitarlo explícitamente:

Hasta aquí todo bien. Pero luego llega la decisión importante: ¿qué nivel de seguridad vamos a aplicar? Aquí es donde muchos pecan por ignorancia o por prisa. SQL Server permite establecer niveles de seguridad en los ensamblados: SAFE, EXTERNAL_ACCESS y UNSAFE.

  • SAFE es la opción por defecto y la más limitada. Permite usar solo código seguro dentro del sandbox de SQL Server. Vamos, que no puedes acceder al sistema de archivos ni hacer llamadas a red.
  • EXTERNAL_ACCESS permite acceso al sistema, como archivos o recursos de red. Requiere permisos adicionales en la base de datos y en el servidor.
  • UNSAFE es exactamente lo que parece: la carta blanca para que alguien con tiempo libre y ganas de destruir te monte un agujero de seguridad monumental. Desde abrir un puerto TCP hasta modificar binarios en disco. Y si el servidor ejecuta SQL Server con permisos de sistema, el daño potencial es ilimitado.

El resumen es simple: si usas EXTERNAL_ACCESS o UNSAFE y no sabes exactamente lo que estás haciendo, ya puedes ir llamando al responsable de seguridad para una charla “interesante”.

¿Y por qué usar CLR? ¿Realmente aporta algo?

En ocasiones, sí. Hay escenarios donde CLR no solo tiene sentido, sino que puede ser la solución óptima. Por ejemplo:

  • Procesamiento de texto complejo: Las expresiones regulares en T-SQL son una promesa aún. Mientras que estamos empezando a verlas en las previews de Azure SQL y SQL Server 2025, en C# puedes usarlas sin volverte loco. Una función CLR que use Regex.Match puede reemplazar cientos de líneas de T-SQL feo y lento.
  • Cálculos matemáticos avanzados: ¿Has intentado hacer operaciones trigonométricas complejas o cálculos estadísticos avanzados con T-SQL? No, ¿verdad? Pues eso. CLR te permite usar librerías de .NET que hacen esto sin romperte la cabeza. Aunque, pensándolo bien, ¿no preferirías usar python o R para estas cosas?
  • Manejo de estructuras como arrays o diccionarios: Aunque con SQL Server 2022 y sus mejoras en JSON y XML estas necesidades han bajado, aún hay casos donde un buen Dictionary<string, List<int>> en C# resuelve en milisegundos lo que en T-SQL requeriría un máster.
  • Performance en funciones escalares: Una función escalar en T-SQL puede ser un veneno para el rendimiento si se ejecuta por cada fila de una tabla grande. En CLR, ese impacto puede reducirse significativamente.

Eso sí, si el único motivo para usar CLR es que “yo sé C# y no me gusta T-SQL”, lo que necesitas no es un CLR, es un cambio de trabajo.

Cómo crear un ensamblado CLR sin invocar a Satán

Veamos el proceso básico:

Primero escribes el código en C# (en Visual Studio o lo que uses). Luego compilas el ensamblado (DLL) y lo subes a SQL Server con CREATE ASSEMBLY. Por último creas la función o procedimiento que lo expone. Un ejemplo sencillo:

Código C#:

Compilas esto como DLL y lo subes:

Y voilà. Ya puedes usar dbo.ReverseString(‘hola’).

¿Dónde rompe CLR las cosas y por qué?

Ahora hablemos de los pecados originales del CLR. El primero es la dificultad de mantenimiento. El código está fuera del ámbito natural del DBA. Si mañana hay que parchear un bug en ese ensamblado, necesitas recompilar, volver a subirlo y cruzar los dedos para que no tengas dependencias rotas. Además, muchas veces ni siquiera se versionan correctamente. Y sí, lo hemos visto en producción. Más veces de las que nos gustaría.

Segundo, el tema de la seguridad. Un ensamblado con UNSAFE puede hacer cualquier cosa en el sistema operativo. Y cuando decimos cualquier cosa, es cualquier cosa. ¿Quieres que tu base de datos escanee el disco C:? Puedes hacerlo. ¿Deberías hacerlo? No. Nunca.

Tercero, el rendimiento. Aunque en algunos escenarios el CLR escala mejor que T-SQL (especialmente en funciones escalares y algoritmos complejos), introducir CLR sin medir su impacto real es como poner un turbo a un coche sin frenos. Necesitas pruebas serias, monitorización con Extended Events o Profiler, y entender bien los contextos de ejecución y memoria.

CLR y los entornos modernos

¿Sigue teniendo sentido usar CLR en 2025? Depende. SQL Server ha mejorado mucho en áreas como funciones en línea, JSON, XML, y hasta integración con Python y R vía Machine Learning Services. Muchas cosas que antes requerían CLR ahora se pueden hacer dentro del propio SQL Server sin salir del ecosistema T-SQL.

Pero aún hay casos de uso válidos: si necesitas lógica reutilizable, validaciones complejas, o consumir recursos externos con control, puede ser una herramienta útil. Eso sí, no abuses. Lo que empieza como una solución elegante puede acabar como un infierno de dependencias, DLLs perdidas y bugs imposibles de depurar.

Conclusión

El CLR no es el enemigo. El enemigo es usar herramientas que no entendemos solo porque «molan» o porque «así lo hacemos en .NET». SQL Server permite muchas cosas, pero no todas son recomendables. Si vas a meter CLR en tu arquitectura, hazlo con cabeza, documentación, versiones bien gestionadas y, por supuesto, tests.

Y si estás usando funciones CLR porque no sabías cómo hacerlo en T-SQL… mejor sigue leyendo el blog. Tenemos artículos sobre expresiones regulares y otras maravillas menos propensas a prenderle fuego a tu entorno productivo.

Porque sí, puedes meter C# en SQL Server, y también puedes meter un gato en una lavadora. Pero no deberías.

Si tenéis alguna duda o sugerencia, podéis dejarla en Twitter, por mail o dejarnos un mensaje en los comentarios. Y recuerda que también tenemos un grupo de Telegram y un canal de YouTube a los que te puede unir. ¡Hasta la próxima! 

Publicado por Roberto Carrancio en Cloud, Rendimiento, SQL Server, 0 comentarios

LINQ y SQL Server: consulta tú, que ya lloro yo

Si eres developer y trabajas con .NET, lo más probable es que en algún momento hayas caído rendido ante LINQ. Lo entiendo, es tentador cual canto de sirena. Tiene lo suyo: expresividad, fluidez, integración total con C#… es cómodo. Pero si trabajas con SQL Server como motor de datos, más te vale saber qué está haciendo LINQ por detrás. Porque aquí, en las profundidades del motor, no nos tragamos la excusa de «yo sólo puse un .Where()».

Este artículo no es para demonizar LINQ. Es para que entiendas, desde el punto de vista del DBA que va a recibir tus consultas, por qué usar LINQ sin saber cómo funciona es como lanzar T-SQL con los ojos cerrados y esperar que salga rápido. Alerta spoiler: no lo hace.

LINQ: el ORM moderno que no siempre sabe lo que hace

A ti LINQ te permite escribir consultas con tipos, IntelliSense, lambdas y toda la fantasía moderna del desarrollo elegante. A nosotros nos llega una consulta SQL que ha generado un ORM sin ningún sentido del rendimiento, de los índices ni del plan de ejecución.

Tú ves:

Nosotros vemos: joins sin sentido, LEFT OUTER JOIN innecesarios, condiciones que no usan índices, y a veces hasta SELECT TOP 1000000 porque alguien no quería paginar como es debido. Lo que para ti es una consulta sencilla, para nosotros puede ser una fiesta de bloqueos, CPU y discos saturados.

LINQ no es malo. Pero no sabe optimizar. Y su traductor a SQL (ya sea EF, LINQ to SQL o el flavor de turno) sólo tiene una misión: funcionar. No rendir. Eso, amigos, es responsabilidad vuestra.

SQL Server no es una caja negra

Si has trabajado toda tu vida con Entity Framework sin mirar lo que genera por debajo, te estás perdiendo la mitad de la película. Y no la buena. SQL Server es un motor potente, flexible y bastante generoso… pero sólo cuando le das instrucciones claras.

Cuando llega una consulta LINQ traducida automáticamente, SQL Server hace lo que puede. Pero si la estructura de la consulta es compleja, el uso de joins es arbitrario y los filtros se aplican después del .ToList(), entonces no hay milagros. Hay “table scans”, “sort warnings”, “hash matches” no deseados y todo lo que un DBA no quiere ver en el plan de ejecución.

Lo que tú ves como un .Include() para cargar relaciones, nosotros lo vemos como una máquina de hacer JOINs sin control. Y cuando eso se hace en producción con datos reales, hay que estar muy seguro de que se entiende lo que se está mandando.

IEnumerable, IQueryable y el horror que no ves en LINQ

Hay un detalle que seguimos viendo incluso en equipos senior: no distinguir IEnumerable de IQueryable a la hora de consultar.

Cuando usas IQueryable, la consulta se traduce a SQL y se ejecuta en la base de datos. Bien. Pero cuando haces .ToList() antes de aplicar más filtros, estás trayendo todo a memoria y filtrando en .NET. Eso está bien si tienes diez registros. Si tienes diez millones, acabas de llenar el servidor de aplicaciones con datos que no necesitabas.

El ORM no sabe optimizar. Tú sí deberías.

Así que cuando alguien hace esto:

Y luego se pregunta por qué la aplicación va lenta, la respuesta es clara: no es la base de datos, es tu código. LINQ puede ser declarativo, pero no mágico.

Los casos en que LINQ hace llorar al optimizador

¿Sabes lo que pasa cuando encadenas tres .Include()s, haces un .SelectMany() y luego aplicas una condición que sólo puede evaluarse en cliente? Que el SQL resultante se convierte en un engendro. Y a nosotros nos llega una consulta de 150 líneas con subconsultas, columnas que no se usan y JOINs en cascada que anulan los índices.

Esto no es una exageración. Lo he visto con mis propios ojos. Y no una vez. Las herramientas modernas de desarrollo facilitan mucho la creación de consultas… que nadie ha revisado. Y luego cuando llegan las quejas de rendimiento, el culpable nunca es el ORM. Siempre es “la base de datos que no escala”.

No. La base de datos escala. Lo que no escala es traducir expresiones lambda como si fueran instrucciones optimizadas para un motor relacional.

Cómo hacer las paces: consejos para developers (sí, es por vuestro bien)

Lo primero: aprende a ver el SQL que estás generando. EF Core permite interceptar y registrar el SQL generado. Úsalo. Lee ese SQL. Míralo con ojos críticos. Si ves que tiene 10 joins, 30 columnas innecesarias y ninguna cláusula WHERE, no lo envíes a producción. Mándalo al infierno de staging, a ver cuánto tarda.

Segundo: si una consulta es crítica, escribe SQL tú mismo. Usa FromSqlRaw() o, mejor aún,  procedimientos almacenados dentro de SQL Server. No pasa nada. No es “menos elegante”, es más responsable.

Tercero: si tienes dudas, habla con el DBA. No somos ogros. Bueno, algunos sí. Pero en general, preferimos una conversación a tener que cazar queries con el SQL Profiler porque ha saltado una incidencia de rendimiento a las 3 de la mañana.

Cuarto: entiende el modelo de ejecución diferida de LINQ. Y si tienes que filtrar, hazlo antes del .ToList(). Siempre.

Y por último: no abuses del azúcar sintáctico. LINQ puede ser cómodo, pero no sustituye al conocimiento. No saber lo que está pasando en SQL Server es como conducir un coche sin saber si vas en primera o en tercera.

¿Cuándo sí usar LINQ?

LINQ brilla en consultas simples. En operaciones sobre colecciones en memoria. En proyecciones pequeñas y bien definidas. Si tu consulta es trivial y los datos están bien indexados, no hay problema. Pero si estás construyendo un informe complejo, una API con cientos de miles de registros o una consulta crítica para el negocio, deja de lado la comodidad.

Y si usas LINQPad, mejor. Ahí sí puedes ver lo que pasa y ajustar con cabeza. Porque en el fondo, LINQ no es el problema. El problema es no saber cuándo dejar de usarlo.

Conclusión: hay vida más allá de LINQ

No hay escapatoria. Si trabajas en un proyecto con SQL Server, y usas un ORM o LINQ, el rendimiento de tus consultas depende de ti. No vale decir “eso es cosa del DBA” o “es que eso lo hace el ORM solo”. Porque cuando la aplicación se arrastra, da igual de quién sea la culpa: hay que arreglarlo y ni todo el hardware del mundo arregla depende que consultas.

Así que la próxima vez que escribas una consulta LINQ, pregúntate: ¿qué SQL va a salir de aquí? ¿Lo he mirado? ¿Lo he probado con datos reales? ¿Estoy filtrando bien? ¿Estoy trayendo sólo lo que necesito?

Y si no puedes responder a eso con seguridad, tal vez lo mejor sea bajarse al T-SQL y escribir como los mayores.

Porque aquí no se trata de gustos. Se trata de no matar al servidor con buenas intenciones y malas queries.

Si tenéis alguna duda o sugerencia, podéis dejarla en Twitter, por mail o dejarnos un mensaje en los comentarios. Y recuerda que también tenemos un grupo de Telegram y un canal de YouTube a los que te puede unir. ¡Hasta la próxima! 

Publicado por Roberto Carrancio en Cloud, Rendimiento, SQL Server, 0 comentarios